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Epstein amasó su fortuna con dinero de la familia de Ana Obregón

El origen español de los primeros millones de Epstein

Jeffrey Epstein, financiador estadounidense condenado por delitos sexuales, comenzó a construir su fortuna gracias al dinero de la familia de la actriz Ana Obregón y de otras sagas adineradas españolas que recurrieron a él tras perder sus ahorros en una firma de corretaje en quiebra, según una investigación de The New York Times.

A comienzos de la década de 1980, Epstein mantenía una relación sentimental casual con la intérprete española, un vínculo que le abrió la puerta a los Obregón y a otros grandes patrimonios nacionales que buscaban una solución para recuperar inversiones extraviadas en los mercados internacionales.

La operación Drysdale y la “recompensa” millonaria

El detonante fue el colapso de Drysdale Securities, una firma de intermediación bursátil estadounidense donde la familia Obregón y otros inversores españoles habían depositado importantes sumas de dinero que desaparecieron tras la quiebra.

Los afectados contrataron a Epstein para localizar esos fondos, y este recurrió a su contacto Bob Gold, exfiscal federal, que tras cerca de un año de rastreo encontró el dinero en una sucursal en las Islas Caimán de un banco canadiense, según el relato recogido por el diario neoyorquino.

La recuperación de las inversiones permitió a Epstein cobrar una generosa recompensa de los Obregón y del resto de familias, una inyección económica que, sumada a otras operaciones opacas, marcó el momento en el que el financiero habría cruzado por primera vez el umbral del millón de dólares.

Estafas, engaños y un “cazarrecompensas” financiero

La investigación del NYT describe a Epstein como un “cazarrecompensas” financiero capaz de moverse entre regulaciones y paraísos fiscales, aunque subraya que el caso Drysdale fue una de las pocas operaciones con base real en una trayectoria marcada por medias verdades y grandes exageraciones.

Según el reportaje, el estadounidense también pidió dinero a inversores externos, incluso ejecutivos del sector editorial, para proyectos que no se materializaron, y en varias ocasiones acabó desapareciendo con parte de los fondos.

El empresario Michael Stroll le acusó de fugarse con gran parte de una inversión de unos 450.000 dólares en un presunto negocio petrolero inexistente, mientras que el contratista de defensa británico Douglas Leese denunció que Epstein malversaba recurriendo a su cuenta de gastos.

Les Wexner, las élites y el salto definitivo

El patrimonio de Epstein se disparó definitivamente gracias a su estrecha relación con Les Wexner, fundador del grupo L Brands (matriz de Victoria’s Secret), que le abrió las puertas de grandes fortunas estadounidenses y de influyentes gestores de inversión.

Ese entorno le permitió presentarse como un “gurú” financiero ante figuras de alto perfil, como el gestor de fondos Ken Lipper, apoyándose en una imagen de sofisticación y en supuestos lazos con clanes como el de David Rockefeller que, según la investigación, estaban inflados o directamente exagerados.

Este círculo de poder y dinero sirvió para blanquear su reputación económica durante años, pese a que en paralelo acumulaba acusaciones de abusos y manejaba una red de contactos que mezclaba la alta política, el mundo empresarial y celebridades internacionales.

La etapa en Bear Stearns y el historial de irregularidades

Antes de dar el salto por su cuenta, Epstein trabajó en el banco de inversión Bear Stearns entre 1976 y 1981, donde ya empezó a forjar una reputación tan rentable como polémica.

Durante aquellos años, el financiero presumía de una formación académica que no había completado, utilizaba de forma abusiva su cuenta de gastos corporativos y facilitaba a su pareja acceso preferente a determinadas inversiones internas, según fuentes citadas por la prensa estadounidense.

Un antiguo compañero relató que, en esa etapa, Epstein no solo cultivaba clientes de alto poder adquisitivo, sino que también recibía en su apartamento a mujeres jóvenes con las que mantenía relaciones casuales o románticas, un patrón de comportamiento que décadas después acabaría en un escándalo global.

Caída, muerte y causas penales pendientes

La imagen de financiero brillante comenzó a resquebrajarse cuando salieron a la luz las primeras denuncias por abusos a menores, que desembocaron en procesos judiciales en Estados Unidos y en acuerdos extrajudiciales muy controvertidos.

En 2019, Epstein fue detenido de nuevo en Nueva York acusado de tráfico sexual y explotación de menores en una trama que, según la justicia estadounidense, se apoyaba en una red de colaboradores y mansiones de lujo en varios puntos del país.

Ese mismo año murió en una cárcel neoyorquina mientras esperaba juicio, en un fallecimiento oficial declarado como suicidio pero rodeado de dudas y teorías, mientras las investigaciones sobre el origen de su fortuna y su entramado de contactos internacionales siguen generando revelaciones años después.

Reacciones y lectura en clave española

Las nuevas revelaciones del NYT han reactivado el debate en España sobre la cercanía de parte de las élites económicas y culturales a figuras financieras de reputación cuestionable en los años de expansión de los mercados internacionales.

El vínculo de la familia Obregón con Epstein, descrito como clave en el arranque de su fortuna, añade una dimensión incómoda al relato público sobre el magnate y refuerza las preguntas sobre el control y la transparencia en la gestión de grandes patrimonios españoles en el exterior.

En paralelo, el caso alimenta la reflexión en la esfera política y mediática sobre la necesidad de reforzar los mecanismos de supervisión, la responsabilidad de los intermediarios y el papel de los paraísos fiscales en operaciones que pueden comprometer la reputación internacional de España.

“Epstein recibió una generosa recompensa por haber encontrado el dinero y esta ganancia, combinada con una presunta estafa a Michael Stroll, lo convirtió en millonario”, resume el análisis del diario neoyorquino sobre el origen de su riqueza.

Contexto internacional y vigencia del caso Epstein

El nuevo foco sobre la etapa española de Epstein llega en un momento en el que distintas jurisdicciones analizan aún la extensión de sus negocios, desde estructuras opacas en paraísos fiscales hasta vehículos de inversión vinculados a grandes fortunas mundiales.

Organizaciones de defensa de derechos humanos y colectivos de víctimas insisten en que la reconstrucción de su trayectoria económica no es solo una cuestión de transparencia financiera, sino también una forma de entender cómo su poder económico facilitó durante décadas el encubrimiento de abusos sexuales.

Para España, la conexión de un icono mediático como Ana Obregón con uno de los escándalos más graves de las últimas décadas refuerza el debate sobre la responsabilidad social de las élites y la necesidad de escrutar con mayor rigor las alianzas empresariales y personales que se tejen en torno al gran capital.

Fuente
www.deia.eus

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