PolíticaEspañaSociedad

Las autonómicas de 2026, el gran riesgo interno de Sánchez

La ‘yincana’ electoral diseñada por el PP

El PP ha puesto en marcha una estrategia inédita en la democracia española: aprovechar adelantos y finales de legislatura para encadenar elecciones autonómicas en 2026 (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía) y convertir cada cita en un examen parcial a Sánchez. Los barones populares Alfonso Fernández Mañueco y Juanma Moreno han rechazado coordinar fechas y se ha forzado el adelanto en Extremadura y Aragón con el argumento de la imposibilidad de aprobar Presupuestos, de forma que el ciclo sea lo más prolongado y desgastante posible para el PSOE.

La idea de Génova es clara: construir un “camino tortuoso” al PSOE a base de derrotas parciales, consolidar al PP como primera fuerza territorial y alimentar la sensación de fin de ciclo en torno a Sánchez antes de las generales previstas para 2027. La Moncloa denuncia que se están usando comicios autonómicos como “generales parciales”, lo que considera una falta de respeto a los problemas específicos de cada comunidad.

Pilar Alegría y María Jesús Montero, plebiscito sobre Sánchez

La apuesta del presidente por colocar a dos de sus figuras más cercanas al frente de candidaturas clave refuerza la lectura nacional de estas autonómicas. Pilar Alegría dejó el Gobierno y la portavocía para ser candidata en Aragón el 8 de febrero, presentándose como “la próxima presidenta” y vinculando directamente su futuro político al de Sánchez.

[6]

En Andalucía, María Jesús Montero —vicepresidenta y ministra de Hacienda— se perfila como cabeza de cartel socialista en un territorio simbólico que fue bastión del PSOE y donde el PP de Juanma Moreno aspira a consolidar o ampliar su dominio. Una derrota abultada allí dañaría de lleno a la número dos del presidente y alimentaría la percepción de que el socialismo andaluz ha perdido definitivamente su condición de feudo, con impacto directo en la autoridad interna de Sánchez.

El ‘efecto Vox’ como riesgo compartido

La gran incógnita de la estrategia popular reside en la relación con Vox: el PP puede ganar con claridad y aun así depender de los de Santiago Abascal para gobernar. Ya ha ocurrido en Extremadura, donde María Guardiola se impuso con holgura al PSOE pero necesita el apoyo de un Vox fortalecido, que duplicó escaños y se ha convertido en socio imprescindible para investidura y Presupuestos.

Desde 2024, Vox ha optado por salir de los gobiernos autonómicos compartidos con el PP para evitar desgaste y limitarse a condicionar investiduras, presupuestos y leyes clave desde fuera, estrategia que ahora pretende aplicar en Aragón, Castilla y León y Andalucía. Para Sánchez, esta dependencia le ofrece un arma de campaña nacional: presentar cada pacto PP‑Vox como advertencia de lo que podría ocurrir en unas generales, proyectando la imagen de Abascal como futuro vicepresidente de Feijóo.

Impacto en la continuidad de Sánchez

En Ferraz se asume que una sucesión de malos resultados autonómicos puede abrir un debate interno sobre la conveniencia de mantener a Sánchez como candidato hasta 2027. Sectores del PSOE temen que un “pleno al cuatro” de derrotas, especialmente si Aragón y Castilla y León salen mal y Andalucía se convierte en un desplome, acelere las presiones para un relevo que permita recomponer expectativas antes de las generales.

Aun así, el entorno del presidente se ha conjurado para resistir, volcarse en las campañas y tratar de relativizar cada derrota como producto de dinámicas locales más que de un rechazo directo al Gobierno central. La paradoja es que Sánchez puede acabar celebrando el ascenso de Vox en esas autonómicas si sirve para desgastar la imagen de Feijóo como alternativa moderada y alimentar dudas dentro del PP sobre su capacidad para gobernar en solitario.

A través de
www.elespanol.com
Fuente
www.elespanol.com

Artículos relacionados

Botón volver arriba