Obras clave para que el ferri vuelva en 2026
La nueva alcaldesa de Caminha, Liliana Silva, ha incluido en su primer presupuesto una partida de hasta 40.000 euros para reparar el pantalán y retirar los áridos acumulados frente al muelle, con el objetivo de garantizar la conexión con A Guarda el próximo verano mediante una embarcación de poco calado. Si el calendario se cumple, el ferri volverá a operar cinco años después de su interrupción, restableciendo un enlace fluvial emblemático entre las dos orillas del Miño.
El último barco en cubrir la ruta, el Santa Rita de Cassaia, dejó de prestar servicio en 2021 cuando el pantalán de Camposancos fue declarado inseguro y con riesgo de hundimiento. Portos de Galicia terminó las obras de refuerzo en 2023, pero la acumulación de una duna de arena en el cauce impidió el regreso del ferri, al bloquear el paso de la embarcación.
El Santa Rita de Cassaia, a punto para zarpar
Un primer paso simbólico se dio el 25 de julio de 2025, cuando el Santa Rita fue remolcado hasta el astillero Guardamar de A Guarda para una revisión técnica y la elaboración de un presupuesto de puesta a punto. La idea de los responsables locales es que el barco, una vez adaptado o sustituido por otro de menor calado, pueda volver a unir ambas orillas de forma regular cuando el canal esté despejado.
Durante la última campaña electoral, el anterior alcalde de Caminha, Rui Lages, ya expresó su deseo de contar con una embarcación que permitiera a “nuestros hermanos gallegos” cruzar a Caminha y viceversa, aunque advirtió de que sin dragado no era viable recuperar el servicio. Las autoridades locales insistían en que la embarcación permanece amarrada en Caminha con el canal “totalmente atascado” por sedimentos.
Impacto en el Camino Portugués por la Costa
La vuelta del ferri sería especialmente relevante para los peregrinos del Camino Portugués por la Costa, que han visto cómo el tramo entre Caminha y A Guarda se complica desde que el servicio se suspendió. En 2021, esta variante contaba con unos 8.000 peregrinos, pero en 2025 la cifra ronda los 90.000, consolidándose como uno de los itinerarios con mayor crecimiento dentro del Camino Portugués.
En ausencia de ferri, muchos caminantes recurren a embarcaciones privadas para cruzar el río, un negocio en auge pero no siempre regulado: una inspección de las autoridades portuguesas llegó a suspender la actividad de al menos tres empresas por falta de documentación o seguros adecuados. El restablecimiento de un servicio público y estable se ve como una forma de aumentar la seguridad y ordenar el flujo de peregrinos, turistas y vecinos.
Dragado del Miño y demandas históricas de la zona
Más allá del ferri, la alcaldesa Liliana Silva ha anunciado que la Agencia Portuguesa do Ambiente ya dispone de financiación para un dragado más amplio del río Miño en la zona, actuación que se debatirá en la próxima Cumbre Ibérica. El objetivo es completar estos trabajos en un plazo aproximado de dos años, mejorando tanto la navegabilidad como la seguridad y el funcionamiento económico del estuario.
Los concellos transfronterizos llevan años reclamando este dragado, alertando de que el estado actual de la desembocadura del Miño compromete la pesca, los deportes náuticos y las actividades marítimo-turísticas, además de dificultar la conexión fluvial entre Caminha y A Guarda. La recuperación del ferri se interpreta como el primer fruto visible de esa agenda compartida para revitalizar un corredor fluvial clave en las relaciones entre Galicia y el norte de Portugal.









