Un país extenuado antes de las bombas
La columna describe cómo la población venezolana llega al ataque de Estados Unidos tras años de deterioro social, económico y emocional, marcada por una inflación desbocada, escasez crónica y una vida cotidiana atravesada por el miedo y la inseguridad.
Mientras una minoría vinculada al régimen o a las élites económicas mantiene un nivel de vida ostentoso, con tiendas de lujo y coches de alta gama, la mayoría afronta salarios que no alcanzan para comer y una pobreza estructural que convierte el hambre en rutina.
Hambre invisible y éxodo masivo
La autora recuerda que más de ocho millones de venezolanos han abandonado el país en busca de estabilidad, asumiendo trabajos precarios en ciudades como Madrid, Bogotá o Buenos Aires pese a contar muchos de ellos con profesiones consolidadas.
La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) recoge que más del 90% de la población no puede costear la cesta básica de alimentos y que alrededor del 70% ha perdido peso por falta de comida, fenómeno denominado “hambre invisible” o “dieta Maduro”.
Del estrecho triunfo de Maduro al choque de legitimidades
El texto repasa como primer hito la elección presidencial del 14 de abril de 2013, cuando Nicolás Maduro ganó por un margen muy ajustado frente a Henrique Capriles, tras la muerte de Hugo Chávez y en pleno duelo político y social.
El segundo hito clave se sitúa en las legislativas del 6 de diciembre de 2015, cuando la oposición obtuvo la mayoría en la Asamblea Nacional, desencadenando una ofensiva del chavismo basada en denuncias de fraude, impugnaciones ante el Tribunal Supremo y la posterior creación de una Asamblea Constituyente paralela.
Protestas, represión y elecciones sin garantías
A partir de 2016, la crisis política se agudizó con fuertes protestas antigubernamentales duramente reprimidas, dejando heridos, muertos y un clima de miedo que se trasladó incluso a los chats de WhatsApp, donde se impuso la autocensura por temor a la Policía Nacional Bolivariana.
Las presidenciales de 2018 y 2024 se celebraron con líderes opositores encarcelados o inhabilitados, abundantes denuncias de irregularidades y falta de transparencia, y el rechazo de numerosos gobiernos y organismos internacionales a reconocer los resultados.
Colapso sanitario, devaluación y emergencia humanitaria
La autora subraya que Venezuela, pese a no estar en guerra, ha sufrido un colapso comparable al de países en conflicto: contracción de reservas internacionales, depreciación extrema de la moneda y crisis energética que dejó al país a oscuras en 2019.
Organismos como la Organización Panamericana de la Salud y la OMS han definido la situación como una “emergencia humanitaria compleja”, con caída de la esperanza de vida, resurgimiento de enfermedades prevenibles y un sistema sanitario incapaz de garantizar servicios básicos.
Entre el respeto al derecho internacional y el deseo de cambio
La articulista, venezolana de origen y residente en Sevilla, reconoce el peso del derecho internacional y la necesidad de rechazar políticas de imposición del poder, pero al mismo tiempo confiesa el vértigo de desear un cambio de rumbo tras tantos abusos y sufrimiento acumulado.
Desde esa tensión entre principios y vivencia personal, expresa la esperanza de un “nuevo amanecer soberano” para Venezuela, tras un largo viacrucis que ha fragmentado familias, expulsado millones de personas y destruido un país que antes acogía a quienes buscaban oportunidades.









