Sociedad

El debate sobre el uso masivo de sal en carreteras españolas cobra relevancia por su impacto medioambiental

Corrosión acelerada en vehículos y deterioro de infraestructuras

Tomás Torres, catedrático de química orgánica de la Universidad Autónoma de Madrid, advierte que los vehículos alemanes presentan las chapas completamente destrozadas a los cinco años de uso por la oxidación que produce el contacto continuado con la sal esparcida en las carreteras. Este fenómeno de corrosión acelerada no se limita a la carrocería visible, sino que afecta también a los bajos del automóvil, los sistemas de frenos, las líneas de combustible y otros componentes metálicos expuestos.

La combinación de sal, humedad y las bajas temperaturas crea un entorno especialmente corrosivo que acelera el proceso de oxidación del hierro y otros metales. Los propietarios de vehículos en zonas donde se utiliza sal de manera intensiva deben afrontar costes más elevados de mantenimiento o invertir en sistemas anticorrosión preventivos. Además, la conjunción de la sal, el hielo y el paso repetido de las máquinas quitanieves puede provocar baches y agujeros que dañan el aglomerado asfáltico de calles y carreteras, generando gastos adicionales de reparación en las administraciones públicas.

Efectos perjudiciales sobre la flora y la fauna

Más allá de los daños materiales, el impacto ambiental de la sal quitanieves genera creciente preocupación entre organizaciones ecologistas y científicos. Torres explica que el cloruro sódico inhibe la absorción de agua por parte de las plantas, puede salinizar los suelos y alterar los flujos naturales de los ríos. María Ángeles Nieto, portavoz de la coordinadora madrileña de Ecologistas en Acción, señala que en el puerto de Navacerrada se observan árboles secos junto a la carretera como consecuencia directa de la exposición a la sal.

El mecanismo de daño es doble: por un lado, la sal se deposita directamente sobre las hojas y ramas de los árboles situados en los márgenes de las carreteras durante las operaciones de esparcido; por otro, la sal disuelta en el agua de deshielo se infiltra en el suelo y acaba en los acuíferos subterráneos. Esta contaminación de las aguas subterráneas perjudica a la fauna que depende de estos recursos hídricos y, en casos extremos, podría afectar al uso doméstico del agua en poblaciones cercanas.

Juan José Vaquero, titular de química orgánica en la Universidad de Alcalá de Henares, matiza que el efecto de la sal es transitorio porque acaba siendo arrastrada y diluida por el agua de lluvia. No obstante, esta dilución no elimina el problema, sino que lo traslada a los ecosistemas acuáticos. Diversos estudios realizados en Estados Unidos han documentado que los arroyos urbanos presentan concentraciones de cloruro entre 20 y 30 veces superiores a los umbrales establecidos por la Agencia de Protección Medioambiental, con efectos letales o subletales sobre las especies acuáticas.

El dilema entre seguridad vial y protección ambiental

Pese a los inconvenientes ambientales y económicos documentados, Torres reconoce que el uso de sal en carreteras resulta necesario desde el punto de vista de la seguridad vial. El catedrático recuerda que en Canadá se prohibió su aplicación en determinadas zonas y los accidentes de tráfico se dispararon de manera alarmante, obligando a las autoridades a reconsiderar la medida. Estudios realizados en Estados Unidos indican que la sal para carreteras reduce los accidentes de tráfico en aproximadamente un 85%, una cifra que justifica su empleo masivo desde la perspectiva de la prevención de siniestros.

El Ministerio de Fomento español utiliza anualmente 160.000 toneladas de sal para mantener transitables las carreteras estatales durante los episodios de nieve y hielo. Esta cantidad, aunque significativa, resulta modesta en comparación con los consumos de países con inviernos más rigurosos. Sin embargo, Torres advierte que en España no existe un debate público suficientemente intenso que fomente la investigación de alternativas, precisamente porque las nevadas son escasas y esporádicas en la mayor parte del territorio nacional.

Alternativas químicas y orgánicas al cloruro sódico

Las opciones para sustituir o complementar la sal común en las labores de mantenimiento invernal son variadas, aunque todas comparten un denominador común: su coste económico es muy superior al del cloruro sódico. Entre las alternativas químicas destaca el acetato de calcio y magnesio, un compuesto sólido que se disuelve en agua y que, según investigaciones estadounidenses, presenta el perfil más favorable: es biodegradable, menos corrosivo con los metales, inocuo para plantas y animales, y no daña las superficies asfaltadas.

El acetato de potasio constituye otra opción con prestaciones similares, utilizado habitualmente como base de anticongelantes comerciales libres de cloro. Ambos productos resultan especialmente adecuados para zonas de alto valor ecológico o para infraestructuras sensibles, aunque su precio puede ser hasta 20 veces superior al de la sal convencional, lo que limita su adopción generalizada por parte de las administraciones públicas con presupuestos ajustados.

En el ámbito de los productos orgánicos, se emplean arenas, gravillas y productos agrícolas residuales que actúan aumentando la fricción sobre el pavimento helado sin necesidad de fundir químicamente el hielo. La urea representa una alternativa utilizada principalmente en aeropuertos, donde la sal podría causar graves daños por corrosión en los aviones. No obstante, la urea tampoco está exenta de controversia ambiental, ya que su alto contenido en nitrógeno puede provocar problemas de eutrofización en masas de agua si se emplea de manera indiscriminada.

La salmuera como solución intermedia más eficiente

En España, además del cloruro sódico en estado sólido, se utiliza cada vez con mayor frecuencia la salmuera, una solución saturada de sal disuelta en agua que actúa más rápido y resulta efectiva en cantidades menores que la sal en grano. La salmuera puede aplicarse de forma preventiva antes de que se produzcan las nevadas, creando una capa antiadherente sobre el asfalto que dificulta la formación de placas de hielo. Esta técnica, conocida como antihielo, permite reducir hasta un 75% la cantidad de sal necesaria en comparación con los métodos tradicionales de deshielo una vez que el hielo ya se ha formado.

Torres considera que la salmuera mezclada con arena representa la mejor opción disponible actualmente para España, siendo también el método más utilizado en países como Estados Unidos o Canadá. La arena mejora la adherencia de los neumáticos al pavimento y permite reducir aún más la cantidad de sal necesaria. Desde el Ayuntamiento de Madrid explican que la salmuera es especialmente útil como complemento de la sal en labores preventivas cuando la temperatura no baja de -4ºC, porque se puede distribuir de forma rápida y homogénea y permanece más tiempo sobre el pavimento sin acumularse en los bordillos ni en las ruedas de los vehículos.

Algunos estados norteamericanos están experimentando con aditivos innovadores para mejorar las propiedades de la salmuera. En Missouri, el Departamento de Transporte añade jugo de remolacha a las soluciones de salmuera, lo que ayuda a reducir las propiedades corrosivas de la sal y disminuye el daño a vehículos e infraestructuras. El zumo de remolacha azucarera es completamente biodegradable, está fabricado con residuos de producción y, según los ensayos realizados, una mezcla de remolacha y sal puede soportar temperaturas de hasta -28ºC, catorce grados menos que la sal sola.

El auge inesperado de las salinas de Torrevieja

La demanda de sal para carreteras experimenta picos extraordinarios durante los temporales de nieve que afectan a España. Las salinas de Torrevieja, en la provincia de Alicante, constituyen la principal explotación salinera del país y una de las mayores de Europa, con una capacidad de producción de hasta 600.000 toneladas anuales. De esta cantidad, aproximadamente 200.000 toneladas se destinan al mercado nacional para deshielo de carreteras, mientras que el resto se exporta principalmente a países del norte de Europa.

José Luis Bernabéu, representante de Sal Coloma, reconoce que la empresa que explota las salinas de Torrevieja anunció en diciembre un expediente de regulación de empleo sobre casi un tercio de su plantilla debido al exceso de producción y la falta de demanda. Sin embargo, tras el temporal de nieve que afectó a España, la compañía se vio desbordada por los pedidos, que se triplicaron, e incluso tuvo que establecer un turno extraordinario de trabajo. Bernabéu admite que el año anterior sobró la mitad de la producción, mientras que en la temporada de nevadas todas las reservas se agotaron.

La sal de Torrevieja es especialmente apreciada en el mercado internacional porque se trata de una mezcla de sal marina del Mediterráneo y sal mineral procedente de explotaciones de Pinoso, lo que le confiere una composición que le permite mantenerse sobre el asfalto sin hundirse. Durante episodios de nevadas intensas como la borrasca Filomena en enero de 2021, las salinas llegaron a exportar diariamente 4.000 toneladas de sal, principalmente a la Comunidad de Madrid, que se había quedado sin reservas para paliar los efectos del temporal.

Aumento de la demanda entre particulares y mayoristas

No solo las administraciones públicas responsables de la gestión de carreteras incrementan su demanda de sal durante los episodios de nieve. Los particulares también recurren a este producto para mantener transitables las entradas de sus viviendas, aceras y zonas de aparcamiento privadas. La cadena mayorista Makro informó de un aumento en las ventas de sal gorda del 30% durante los temporales de nieve, evidenciando que el uso de cloruro sódico se ha extendido ampliamente entre la población general como método de primera elección para combatir el hielo.

Este uso no profesional de la sal plantea problemas adicionales desde el punto de vista ambiental, ya que los particulares tienden a aplicar cantidades muy superiores a las necesarias por desconocimiento de las dosis adecuadas. Según las recomendaciones de expertos norteamericanos, solo se necesitan unas 12 onzas de sal —el equivalente a una taza de café— para tratar un camino de entrada de 6 metros de longitud. Para evitar que los cloruros dañinos lleguen a ríos y arroyos, los propietarios deberían barrer el exceso de sal que queda después de una tormenta en lugar de dejarlo infiltrarse en el suelo.

La necesidad de un debate informado en España

Torres insiste en que en España no hay una alternativa clara a la sal porque las escasas nevadas no generan un debate público que fomente la investigación y el desarrollo de métodos alternativos. A diferencia de países como Alemania, Austria o los países escandinavos, donde los inviernos prolongados y rigurosos obligan a buscar soluciones más sostenibles, en España las nevadas se concentran en zonas y periodos muy específicos, lo que reduce el interés por invertir en investigación aplicada.

No obstante, el cambio climático está alterando los patrones tradicionales de precipitaciones invernales, con episodios de nieve cada vez más irregulares pero también más intensos cuando se producen. Esta nueva realidad meteorológica podría obligar a replantear las estrategias de mantenimiento invernal de carreteras, incorporando criterios de sostenibilidad ambiental junto a los de seguridad vial y eficiencia económica. La experiencia acumulada en otros países, tanto en restricciones del uso de sal como en el desarrollo de alternativas viables, ofrece un punto de partida valioso para este debate pendiente en España.

Fuente
elpais.com

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