Oferta de Trump a Pekín y Moscú
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha invitado abiertamente a China y Rusia a comprar “todo el crudo venezolano” gestionado por Washington “que necesiten”, presentando a su país como intermediario obligado en la nueva etapa del sector petrolero de Venezuela. “Estamos abiertos a hacer negocios. China puede comprarnos todo el petróleo que quiera, allí (en Venezuela) o en Estados Unidos; Rusia puede obtener de nosotros todo el petróleo que necesite”, afirmó durante una reunión en la Casa Blanca con ejecutivos de las principales compañías petroleras.
Trump justificó que su Administración asuma el control de las ventas de crudo venezolano alegando que, de no hacerlo, “Moscú y Pekín lo habrían hecho primero”, en referencia a la estrecha relación que ambos países mantuvieron con el régimen de Nicolás Maduro. Con este movimiento, Washington busca situarse en el centro de la comercialización internacional del petróleo venezolano y condicionar el acceso al recurso de las grandes potencias, también de la Unión Europea.
Control indefinido del petróleo venezolano
La invitación a China y Rusia se inscribe en una estrategia más amplia en la que Estados Unidos ha empezado a incautar cargamentos de crudo, a comercializar barriles venezolanos en el mercado global y a anunciar que controlará “indefinidamente” las ventas de petróleo del país sudamericano. El secretario de Energía, Chris Wright, ha explicado que Washington venderá tanto el petróleo almacenado que estaba represado por las sanciones como la producción futura, canalizando los ingresos a través de cuentas supervisadas por las autoridades estadounidenses.
Este esquema pretende, según la Casa Blanca, estabilizar Venezuela, bajar el precio internacional del crudo y evitar que los beneficios del petróleo financien estructuras vinculadas al narcotráfico o a redes de corrupción asociadas al antiguo régimen. Sin embargo, plantea interrogantes jurídicos sobre el marco legal que permite a Estados Unidos asumir el control efectivo de un recurso estratégico de otro país y abre un intenso debate sobre la soberanía venezolana.
Presión a las petroleras e inversión millonaria
En la reunión con los directivos de las grandes petroleras, Trump instó a las compañías a comprometer hasta 100.000 millones de dólares en inversiones para reconstruir la infraestructura petrolera venezolana, muy deteriorada tras años de sanciones, mala gestión y falta de mantenimiento. El plan se estructura en varias fases —estabilización, recuperación y transición— y busca que empresas estadounidenses e internacionales se conviertan en socios clave de la nueva etapa del sector energético venezolano.
La Administración republicana sostiene que los ingresos derivados de las ventas de crudo se administrarán “en beneficio del pueblo venezolano”, bajo supervisión de Washington y en coordinación con las autoridades provisionales en Caracas. Analistas energéticos advierten, no obstante, de que el crudo venezolano, pesado y de difícil refino, requiere inversiones tecnológicas significativas y acuerdos a largo plazo para ser competitivamente integrado en las cadenas globales de suministro.
China, Rusia y el nuevo tablero energético
La oferta de Trump a Pekín y Moscú persigue reconducir la relación energética de Venezuela con estas potencias desde un marco de supervisión estadounidense, sustituyendo los acuerdos bilaterales directos que Caracas firmó en el pasado. La presencia de China y Rusia en el sector petrolero venezolano fue clave durante los años de aislamiento internacional de Maduro, mediante créditos respaldados por petróleo, proyectos de explotación conjunta y suministro de tecnología.
Con el control de los flujos de crudo, Washington pretende decidir qué compañías pueden operar en Venezuela y bajo qué condiciones, utilizando el petróleo como palanca de influencia geopolítica en América Latina y frente a sus rivales estratégicos. Este giro marca un cambio respecto a la etapa de sanciones y busca abrir una fase dominada por la reconstrucción económica del país, pero bajo una fuerte tutela estadounidense.
Implicaciones para Venezuela y el mercado global
Para Venezuela, el plan abre la posibilidad de recuperar parte de su capacidad productiva y de volver a posicionarse como un actor relevante en el mercado petrolero, aunque a costa de ceder un grado inédito de control sobre su principal recurso. La promesa de inversiones masivas puede aliviar el deterioro de la industria, pero dependerá de la estabilidad política interna y de la seguridad jurídica que perciban las compañías implicadas.
En el plano internacional, el incremento de la oferta de crudo venezolano bajo gestión estadounidense podría contribuir a moderar los precios del petróleo, especialmente si se coordina con otros grandes productores. Sin embargo, el uso del control energético como herramienta de política exterior refuerza la percepción de que los recursos venezolanos se han convertido en uno de los principales campos de disputa entre Estados Unidos, China y Rusia.









