PolíticaContrataciónEspaña

Vox y el negocio del patriotismo: 27.000 euros al mes para el asesor de Abascal a través de una empresa fantasma

Kiko Méndez-Monasterio cobra 320.400 euros anuales por susurrar al oído de Santiago Abascal, mientras el partido ultraderechista percibe más de seis millones en subvenciones públicas y critica las «paguitas»

El discurso antisubvenciones de Vox tiene un precio: 26.700 euros mensuales. Esa es la cifra que el partido de Santiago Abascal abona religiosamente a Kiko Méndez-Monasterio, su asesor político de cabecera, por tareas tan concretas como «asistir al presidente en todo aquello que necesite». El pago, revelado por El Confidencial, se canaliza a través de Tizona Comunicación SL, una sociedad mercantil que declara no tener ningún empleado pero que factura más de 320.000 euros anuales al partido ultraderechista. Una contradicción más en la doble moral de quienes predican austeridad mientras se reparten el dinero público con generosidad entre los suyos.

El contrato confidencial, firmado el 1 de junio de 2024 por Javier Cortés, presidente de Vox Sevilla, establece una retribución base de 22.145 euros mensuales más IVA, lo que eleva el total a 26.795 euros. Una cantidad que supera en más de seis veces el salario bruto mensual del propio Abascal como diputado, fijado en 4.228 euros en 14 pagas. Si la legislatura se completa sin adelanto electoral, Méndez-Monasterio habrá embolsado 987.900 euros (IVA incluido) por su labor de asesoramiento político y comunicativo al líder de la extrema derecha española.

Tizona Comunicación: una empresa sin trabajadores pero con ingresos millonarios

Tizona Comunicación SL fue constituida en 2018 por Gabriel Ariza, hijo del fundador de Intereconomía, Julio Ariza, un magnate de la comunicación ultraconservadora que durante años ha sido el altavoz mediático del pensamiento reaccionario español. La empresa pasó a manos de Méndez-Monasterio en la primavera de 2024, coincidiendo milimétricamente con la firma del contrato con Vox. Una sincronía que levanta sospechas sobre si la operación no fue más que un montaje para formalizar legalmente una relación económica preexistente.

Las cuentas depositadas en el Registro Mercantil correspondientes a 2024 revelan datos llamativos: Tizona declaró ingresos por 327.025 euros y cerró el ejercicio con un beneficio de 19.141 euros. Sin embargo, en el apartado de plantilla la empresa consignó cero empleados, ni fijos ni eventuales. ¿Cómo es posible facturar más de 300.000 euros sin contar con una sola persona en nómina? La respuesta está en el propio Méndez-Monasterio, administrador único de la sociedad, que se factura a sí mismo como proveedor externo de servicios para Vox.

La cláusula de exclusividad y los servicios adicionales

El contrato incluye una cláusula de exclusividad que impide a Méndez-Monasterio trabajar para otros clientes sin autorización expresa del partido. Esta restricción, habitual en contratos de alta dirección, convierte al asesor en un empleado de facto, aunque jurídicamente se le trate como un proveedor externo. Una fórmula que permite eludir las cotizaciones sociales y ofrece ventajas fiscales tanto a la empresa como al partido contratante.

Pero la generosidad de Vox no acaba ahí. El contrato contempla una cláusula adicional que permite facturar servicios extraordinarios por encima de los 26.700 euros mensuales base. Según el documento, «los servicios adicionales que fuesen solicitados por Vox serán objeto de una propuesta independiente que será presentada por Tizona y en la que se incluirán las condiciones económicas y los términos que regulen dichos servicios». En otras palabras: si Abascal necesita algo extra, Méndez-Monasterio puede enviar una factura aparte y cobrar aún más.

Las 15 responsabilidades del asesor: del Congreso a las redes sociales

El anexo del contrato detalla con precisión las funciones que justifican el salario galáctico de Méndez-Monasterio. Entre las 15 responsabilidades asignadas destacan: analizar cuestiones de actualidad y fondo, preparar intervenciones parlamentarias en el Congreso, asesorar en comparecencias ante medios de comunicación, apoyar la gestión de redes sociales del partido, elaborar notas de prensa, preparar debates y actos públicos, y, sobre todo, «asistir a Santiago Abascal en todo aquello que necesite como presidente del partido».

Esta última función, deliberadamente ambigua, otorga al asesor una posición de poder informal dentro de la estructura de Vox que supera con mucho la de muchos diputados electos. Méndez-Monasterio es, en la práctica, el ideólogo y estratega que marca las líneas políticas del partido, el hombre que moldea los discursos de Abascal y decide qué batallas librar en el Congreso y en los medios. Un poder en la sombra que se remunera como corresponde: con dinero público.

Asesoría permanente 24/7: siempre disponible para el jefe

El contrato especifica que la asesoría es «permanente 24/7», es decir, Méndez-Monasterio está a disposición de Abascal las 24 horas del día, los siete días de la semana. Esta cláusula, que justifica parcialmente el elevado salario, convierte al asesor en una suerte de mayordomo político que debe atender cualquier requerimiento del líder ultraderechista en cualquier momento. Un servicio de lujo que el partido financia con las subvenciones públicas que tanto critica cuando las perciben otros.

La hipocresía del discurso antisubvenciones

Vox ha construido su identidad política sobre la denuncia de las «paguitas» y las subvenciones públicas, presentándose como el partido de la austeridad y la responsabilidad fiscal. Sin embargo, las cifras desmienten radicalmente este discurso. En 2024, el partido de Abascal ingresó 6.154.183,90 euros procedentes de los Presupuestos Generales del Estado, lo que representa más del 60% de su presupuesto total. Desde 2021, la suma acumulada de subvenciones públicas recibidas por Vox podría superar los 50 millones de euros.

Con ese dinero, el partido no solo financia su actividad parlamentaria ordinaria, sino que también mantiene una estructura de asesores y colaboradores externos que viven holgadamente de las arcas públicas. El caso de Méndez-Monasterio, con sus 320.400 euros anuales, es el más escandaloso, pero no el único. Vox cuenta con más asesores que propuestas legislativas presentadas en las Cortes, una paradoja que evidencia que el partido funciona más como una maquinaria de propaganda que como una fuerza política con un proyecto de gobierno coherente.

Vox critica las subvenciones y las «paguitas», pero el 60% de su presupuesto proviene de dinero público. Y destina más de 320.000 euros anuales a pagar a un asesor a través de una empresa sin empleados.

La red de Intereconomía: del plató a la política

La relación entre Abascal y Méndez-Monasterio se remonta a las tertulias de Intereconomía, la cadena televisiva ultraconservadora donde ambos coincidían cuando el actual líder de Vox acababa de separarse del Partido Popular. Era la época en que el espacio político de la extrema derecha española parecía inexistente, antes de que el auge de Podemos y el desafío catalán crearan el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de Vox.

En 2015, Abascal y Méndez-Monasterio publicaron juntos el libro *Hay un camino a la derecha*, un manifiesto ideológico que anticipaba las líneas maestras del proyecto político que cristalizaría años después en Vox. Desde entonces, ambos han sido inseparables, primero como compañeros de trinchera mediática, después como líderes políticos y asesores, y ahora también como socios mercantiles unidos por contratos millonarios financiados con dinero público.

Lidia Bedman: la esposa de Abascal también en el reparto

El entramado de Vox no solo beneficia a Méndez-Monasterio. Lidia Bedman, esposa de Santiago Abascal, también ha participado del festín. Según reveló también El Confidencial, Bedman llegó a cobrar más de 60.000 euros anuales por servicios de «consultoría de redes sociales y marketing» a la Editorial Ivat SL, vinculada una vez más a Intereconomía y a Gabriel Ariza, el mismo empresario que fundó Tizona Comunicación.

Editorial Ivat se dedica a la distribución de obras ultraconservadoras y ha publicado libros de figuras cercanas a Vox como Juan Manuel de Prada (*Una enmienda a la totalidad*), el eurodiputado Jorge Buxadé (*Globalismo* y *Soberanía*), Gabriel Ariza (*Conversaciones con Paco Pepe*), Cristina Seguí (*La mafia feminista*) y el filósofo estadounidense Peter Kreeft (*¿Símbolo o sustancia?*). Un ecosistema editorial que funciona como caja de resonancia ideológica y, al mismo tiempo, como fuente de ingresos para el círculo íntimo de Abascal.

Federico Jiménez Losantos y «el negocio del patriotismo»

Incluso dentro del ecosistema ultraderechista español han surgido voces críticas con este modelo de negocio. Federico Jiménez Losantos, antiguo aliado mediático de Vox, ha denunciado públicamente lo que denomina «el negocio del patriotismo». En declaraciones recogidas por varios medios, Losantos fue contundente: «En Vox hay un problema de dinero. Tizona asesora a Vox en materia de comunicación, da cursos de formación a portavoces, miembros del partido y participa en la organización de eventos y mítines. Es un aparato de Vox pero sin ser de Vox, pero al que Vox da dinero».

Esta crítica, procedente de alguien ideológicamente afín, resulta especialmente demoledora. Losantos pone el dedo en la llaga de una estructura partidaria que ha creado un entramado de empresas satélite que facturan al partido servicios cuya necesidad y valor real son, como mínimo, cuestionables. Tizona Comunicación es la más visible, pero existen otras sociedades vinculadas a dirigentes de Vox que también se benefician de contratos con el partido financiados con subvenciones públicas.

La comparación con el salario medio español

Para dimensionar la magnitud de lo que cobra Méndez-Monasterio, basta con compararlo con los ingresos del ciudadano medio. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el salario medio anual en España en 2025 fue de 27.500 euros. Es decir, el asesor de Abascal cobra en un solo mes prácticamente lo mismo que un español medio en todo un año. Y lo hace por servicios tan etéreos como «asesorar permanentemente», «analizar la actualidad» o «asistir en todo lo que necesite el presidente».

Esta desproporción se hace aún más evidente si se compara con los salarios de otros profesionales altamente cualificados. Un médico especialista en el sistema público de salud cobra unos 60.000 euros anuales. Un profesor titular de universidad, alrededor de 50.000 euros. Un ingeniero senior en el sector privado, entre 45.000 y 70.000 euros. Méndez-Monasterio supera holgadamente a todos ellos, y lo hace gracias al dinero de los contribuyentes que financian a un partido que desprecia las ayudas públicas.

El silencio de Vox ante las revelaciones

Preguntado por El Confidencial sobre este contrato, Vox ha declinado responder. La estrategia del silencio es habitual en el partido cuando se enfrenta a escándalos de gestión interna: ignora las preguntas, no da explicaciones y confía en que la atención mediática se desplace rápidamente hacia otros temas. Una táctica que funciona en un ecosistema informativo saturado y acelerado, pero que deja sin respuesta cuestiones fundamentales sobre la transparencia y la honestidad de un partido que exige ambas virtudes a sus adversarios.

El contrato con Méndez-Monasterio no es ilegal. Vox tiene derecho a contratar asesores externos y a pagarles con cargo a sus presupuestos, financiados en gran parte con dinero público. Lo que resulta moralmente insostenible es la contradicción entre el discurso y la práctica: criticar las subvenciones mientras se depende de ellas, denunciar el derroche mientras se pagan salarios estratosféricos a amigos y colaboradores, exigir austeridad a los demás mientras se vive con holgura del erario público.

El modelo de negocio de la extrema derecha

El caso de Vox no es único en el panorama de la extrema derecha europea. Partidos como Agrupación Nacional en Francia, Alternativa para Alemania o la Liga de Salvini en Italia han desarrollado modelos similares: estructuras partidarias que generan ingresos tanto de fuentes públicas como de donaciones privadas opacas, y que reparten esos fondos entre un círculo reducido de dirigentes, asesores y empresas afines. Un capitalismo de amiguetes que contradice frontalmente el discurso liberal y meritocrático que estos partidos predican.

En España, Vox ha perfeccionado este modelo gracias a su implantación institucional en Congreso, Senado, Parlamento Europeo y numerosas asambleas autonómicas. Cada escaño conquistado supone más financiación pública, más asesores contratados, más contratos para empresas amigas. El patriotismo, resulta, puede ser un negocio muy rentable si se sabe gestionar adecuadamente.

Fuente
www.elplural.com

Artículos relacionados

Botón volver arriba