Qué ha pasado: Prysmian compra ACSM por 169 millones
La compañía viguesa ACSM, especializada en soluciones para la instalación de cables submarinos, ha sido adquirida por el grupo italiano Prysmian por 169 millones de euros. Prysmian ha comunicado que la operación se ha cerrado este 10 de febrero y que ACSM quedará plenamente integrada en sus cuentas a partir de febrero de 2026, dejando atrás veinte años de trayectoria independiente.
ACSM es conocida por sus avanzados sistemas de exploración del fondo marino y por trabajos de alto perfil, como las operaciones sobre el pecio del pesquero Villa de Pitanxo hundido en Terranova. Con la compra, la empresa gallega entra en un grupo que supera los 17.000 millones de euros de ingresos, cotiza en la Bolsa de Milán y está considerado el mayor fabricante de cable del mundo.
Claves económicas y estratégicas de la operación
Prysmian lleva más de 150 años operando en el sector del cable y busca reforzarse en mercados en expansión vinculados a la transición energética y a las telecomunicaciones. El grupo desarrolla soluciones de cable para transmisión eléctrica, redes, electrificación y conectividad digital, segmentos donde los proyectos submarinos —interconexiones eléctricas, parques eólicos marinos o grandes enlaces de datos— son cada vez más relevantes.
El interés por ACSM se centra en el liderazgo de su equipo en el “levantamiento y preparación del lecho marino”, es decir, en las tareas previas y críticas que permiten tender cables en entornos complejos y a grandes profundidades. Al integrar a la firma viguesa, Prysmian suma capacidades técnicas, experiencia en operaciones offshore y una flota propia que complementa su negocio de fabricación de cable con servicios avanzados de instalación.
Qué cambia para ACSM: empleo, flota y peso en el grupo
Con la compra, los 350 empleados de ACSM se incorporan a una multinacional que cuenta con unos 33.000 trabajadores en todo el mundo, lo que multiplica las posibilidades de acceder a proyectos globales desde Galicia. La empresa aporta tres activos clave: sus buques Nautilus, Ártabro y Génesis, diseñados para operar en alta mar y realizar servicios a cientos de metros de profundidad.
Estos barcos permiten ejecutar campañas de inspección, preparación del lecho marino y apoyo a la instalación de cables, algo esencial en grandes interconexiones eléctricas, proyectos offshore y reparaciones submarinas. Integrados en la estructura de Prysmian, estos medios técnicos podrían participar en contratos de mayor tamaño y complejidad, reforzando el peso de Vigo en cadenas de valor globales ligadas a la energía y las comunicaciones.
Contexto y antecedentes: de empresa local referente a pieza de un líder mundial
En apenas dos décadas, ACSM ha pasado de ser una compañía gallega especializada en servicios submarinos a convertirse en un socio de referencia en proyectos de alta complejidad, incluido el acceso al pecio del Villa de Pitanxo para trabajos técnicos. Su evolución refleja el nicho que Vigo y su entorno han ido consolidando en la industria marina y offshore, combinando tradición naval con tecnologías de última generación.
Prysmian, por su parte, lleva años en una estrategia de crecimiento e integración de empresas que le aporten capacidades adicionales más allá de la fabricación de cable, especialmente en instalación y servicios asociados. La operación con ACSM encaja en esa lógica: el grupo italiano no sólo compra activos, sino un know-how muy especializado en un momento en que los proyectos de cables submarinos —desde interconexiones hasta parques eólicos marinos— están en plena expansión en Europa y a nivel global.
Qué implica para España y para Galicia
Para España, y particularmente para Galicia, la integración de ACSM en Prysmian tiene una doble lectura: por un lado, supone la pérdida de una empresa local independiente; por otro, la coloca dentro del primer actor mundial en su sector, con potencial de atraer más carga de trabajo y proyectos de alto valor añadido. Si el grupo italiano decide reforzar desde Vigo parte de sus operaciones submarinas, la ciudad puede consolidarse aún más como nodo clave en la industria marina ligada a la transición energética y a las infraestructuras críticas.
En clave de política industrial, el movimiento subraya la importancia de apoyar empresas tecnológicas vinculadas al mar, tanto en Vigo como en otros polos costeros españoles, para que no sólo sean atractivas para los grandes grupos internacionales, sino que también logren mantener centros de decisión y desarrollo en el país. Para el lector español, la operación es un ejemplo concreto de cómo la transición energética, la digitalización y las grandes infraestructuras eléctricas y de datos se traducen en oportunidades —y también en desafíos de control y arraigo— para el tejido industrial local.









