El Rey denuncia que aún haya quien no condene a ETA y reclama memoria activa para las víctimas
Felipe VI ha lamentado que, tres décadas después de los años más duros del terrorismo, todavía haya personas que justifican o no condenan los crímenes de ETA y ha recordado que muchos asesinatos siguen sin esclarecerse. El mensaje llega en pleno aniversario del asesinato del jurista Francisco Tomás y Valiente, en un contexto político marcado por el debate sobre la presencia del entorno de la antigua banda en la vida institucional española.
Qué ha pasado: un discurso duro en la Universidad Autónoma
El Rey y la Reina Letizia han presidido en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid el acto por el 30 aniversario del asesinato de Tomás y Valiente, catedrático y expresidente del Tribunal Constitucional. El atentado tuvo lugar el 14 de febrero de 1996, cuando el etarra Jon Bienzobas Arreche, alias “Karaka”, entró en su despacho y le disparó a quemarropa mientras hablaba por teléfono con el profesor Elías Díaz.
Ante un auditorio lleno, Felipe VI ha advertido de que elegir la violencia frente a la palabra supone “matar la convivencia”, cercenar la libertad y sembrar odio contra quien piensa distinto. Ha subrayado que la democracia española le debe mucho a figuras como Tomás y Valiente, a quien ha presentado como símbolo de todos los asesinados por ETA.
El Monarca ha citado expresamente a las 854 víctimas mortales reconocidas de la organización terrorista y ha enfatizado que muchos de esos crímenes permanecen sin resolución, reclamando que no se dé por cerrado ese capítulo mientras haya casos pendientes. En su mensaje, ha insistido en que la memoria no es un recurso retórico, sino un deber cívico que debe transmitirse a las nuevas generaciones.
Claves políticas y sociales del mensaje del Rey
Las palabras de Felipe VI se producen mientras se debate la posibilidad de que España solicite la salida de ETA de las listas internacionales de organizaciones terroristas, algo que cuenta con fuerte rechazo de parte de la opinión pública y de asociaciones de víctimas. En ese contexto, que el Jefe del Estado subraye que aún hay quien no condena los atentados y que muchos delitos no se han resuelto se lee como una llamada a la prudencia y al respeto al dolor de las víctimas.
El discurso pone el foco en tres planos: la defensa de la convivencia democrática, la centralidad de las víctimas en el relato sobre el final del terrorismo y la necesidad de una memoria activa frente a cualquier intento de blanquear el pasado violento. Al reivindicar la Constitución y pedir una convivencia “pacífica, democrática y solidaria”, el Rey sitúa su intervención en la línea de defensa del marco constitucional frente a discursos que relativizan la gravedad de los crímenes.
La presencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, refuerza la dimensión institucional del homenaje, en un momento en el que el Gobierno se enfrenta a críticas por su política penitenciaria y su relación con fuerzas que proceden del entorno de la antigua ETA. El acto señala que, más allá de las mayorías parlamentarias de cada momento, el Estado mantiene una narrativa oficial de respaldo a las víctimas y rechazo inequívoco del terrorismo.
Contexto y memoria: del asesinato a las manos blancas
El asesinato de Tomás y Valiente marcó un antes y un después en la movilización social contra ETA. Un día después del crimen, unas 15.000 personas se concentraron frente a la Universidad, con las célebres manos blancas teñidas de pintura como símbolo de rechazo pacífico a la violencia.
Aquel gesto, impulsado por un estudiante que compró varios kilos de pintura blanca para la protesta, se convirtió en una imagen icónica de la sociedad civil frente al terror. Desde entonces, las manos blancas han quedado asociadas a la exigencia de dignidad, justicia y memoria para las víctimas.
Treinta años después, la Universidad Autónoma acoge la exposición “In Memoriam Tomás y Valiente. 1996-2026”, que recorre la trayectoria personal, académica y pública del jurista y las reacciones tras su asesinato. La muestra incluye la recreación de su despacho con las estanterías originales donde se aprecian las marcas de los disparos, planteada como metáfora de la ausencia y, al mismo tiempo, de la vigencia de su legado intelectual.
El propio Felipe VI fue alumno de Tomás y Valiente en su primer curso de Derecho, y ha recordado cómo escucharle y leerle le hacía sentirse pequeño ante la magnitud del saber del profesor. Esa dimensión personal refuerza el mensaje institucional y subraya la conexión entre la memoria de las víctimas y la formación cívica de los jóvenes.
Qué implica hoy para España: víctimas, justicia y relato del final de ETA
Para la sociedad española, el discurso del Rey reabre una cuestión clave: cómo se gestiona la memoria del terrorismo en un momento en que ETA ya no mata pero su legado sigue presente en la política y en la vida de miles de familias. La mención a los asesinatos sin resolver pone el foco en las tareas pendientes de la Justicia y las Fuerzas de Seguridad, y en la necesidad de que el cierre del ciclo terrorista no se traduzca en impunidad.
En términos políticos, el mensaje añade presión sobre quienes, desde distintas posiciones, han eludido condenas claras o han relativizado el papel de la banda en la historia reciente de España. También refuerza la posición de las asociaciones de víctimas, que reclaman mantener la centralidad del dolor sufrido frente a cualquier intento de normalización de quienes apoyaron o justificaron la violencia.
Para el ciudadano, la idea de que “la memoria es un deber cívico” implica que recordar no es solo cosa de las instituciones, sino una responsabilidad compartida: conocer lo ocurrido, transmitirlo a los jóvenes y evitar que se banalice el terrorismo. En un país donde las nuevas generaciones ya no han vivido los años de ETA, estos actos contribuyen a que el cierre de la violencia no implique olvido, sino una memoria integradora basada en la defensa de los derechos y libertades.
Qué debe saber el lector en España: seguridad, convivencia y jóvenes
En clave de seguridad, el caso recuerda que la lucha contra el terrorismo no termina solo con el fin de los atentados, sino que incluye la resolución de los crímenes pendientes y la vigilancia frente a posibles radicalizaciones futuras. La experiencia española se ha convertido en referencia internacional en la lucha contra la violencia política, pero también en un laboratorio de cómo gestionar la memoria, la reinserción y la convivencia en el largo plazo.
Felipe VI ha subrayado que esta memoria debe enseñarse a los jóvenes, lo que apunta directamente a la importancia de la educación y de los contenidos sobre terrorismo y víctimas en escuelas y universidades. Para una sociedad que mira al futuro, integrar este pasado en la cultura democrática es clave para que el “nunca más” no se convierta en una fórmula vacía.
En un momento de polarización política, el llamamiento del Rey a una convivencia pacífica y solidaria dentro de la Constitución también se puede leer como una advertencia frente a discursos que tensionan la vida pública. El recuerdo de Tomás y Valiente, jurista y académico, subraya que la respuesta al odio pasa por reforzar instituciones, educación cívica y cultura democrática, no por olvidar lo ocurrido.









