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La CHS consolida por primera vez el reparto de agua desalada de Escombreras: qué se concede, a quién y por qué importa también fuera de Murcia

Una concesión “definitiva” de 22,85 hm³ de agua desalada tras años de parches

La Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) ha sacado a información pública la primera concesión definitiva de agua desalada procedente de la planta de Escombreras, con un volumen máximo anual de 22,85 hectómetros cúbicos destinado sobre todo al regadío, pero también a explotaciones ganaderas e industrias. El expediente, impulsado de oficio por la Comisaría de Aguas y publicado en el BOE, fija como punto de toma la propia desaladora de Cartagena y abre un plazo de un mes para presentar alegaciones.

Este paso supone dejar atrás el modelo de autorizaciones provisionales con el que se venía gestionando el agua de Escombreras, especialmente desde que en 2021 se interrumpieron los envíos por problemas financieros y por las restricciones vinculadas a la protección del Mar Menor. Ahora, el objetivo es dar seguridad jurídica y estabilidad a un recurso que se considera estructural dentro del “mix hídrico” del sureste.

Qué se ha concedido y cómo se ha repartido

La CHS ha analizado un total de 152 solicitudes de acceso a este agua desalada, de las que 10 han quedado excluidas por no cumplir los requisitos y 142 han sido admitidas a trámite. Tras contrastarlas con el Plan Hidrológico de la Demarcación, 100 peticiones —el 70,4% de las admitidas— han obtenido asignación de caudal compatible, ya sea total o parcial, mientras el resto han resultado incompatibles o se han quedado sin volumen asignado.

En la práctica, esto significa que la mayoría de las comunidades de regantes y usuarios que ya venían utilizando agua de Escombreras podrán seguir haciéndolo, pero con un título concesional estable en lugar de permisos renovables cada pocos meses. La concesión definitiva, que previsiblemente se otorgará por un periodo largo (en el sector se habla de plazos habituales en torno a los 25 años), implicará menos carga burocrática y mayor previsibilidad para planificar campañas y cultivos.

Desde el Campo de Cartagena, el presidente de la Comunidad de Regantes, Manuel Martínez Madrid, subraya que el anuncio no supone un “chorro extra” de agua, sino la regularización de lo que ya se estaba usando por la vía de autorizaciones temporales. De hecho, recuerda que en los últimos años se ha regado con agua de Escombreras por debajo de esos 22 hm³, por lo que el techo fijado actúa más como límite máximo que como un aumento efectivo inmediato.

Claves jurídicas y económicas: de la provisionalidad a la seguridad (con un precio caro)

Desde el punto de vista jurídico, pasar de autorizaciones provisionales a una concesión definitiva consolida el papel de Escombreras en la planificación de la cuenca del Segura. El trámite de información pública permite a otros usuarios, administraciones o entidades presentar alegaciones antes de que la CHS dicte la resolución final, blindando el procedimiento frente a impugnaciones posteriores.

Para el sector agrícola, la principal ganancia es la estabilidad: saber qué volumen máximo se puede contar año tras año facilita inversiones en cultivos permanentes, infraestructuras de riego y contratos a largo plazo. Además, reduce el “estrés administrativo” de tener que renovar permisos cada tres o seis meses, como venía ocurriendo desde 2021, algo que el propio Martínez Madrid resume como “tranquilidad y menos papeleo”.

El reverso de la moneda es el precio: el agua desalada de Escombreras ronda aproximadamente un euro por metro cúbico, una cifra que los regantes califican de desorbitada y que consideran inasumible si tuviera que ser la única fuente de suministro. Por eso insisten en que la desalación forma parte de un cóctel que combina trasvase, recursos propios de la cuenca, aguas regeneradas y otras desaladoras, donde el Tajo–Segura sigue siendo el pilar más determinante.

Contexto: Escombreras, el Mar Menor y la batalla del agua en el Segura

La planta desaladora de Escombreras, ubicada en el término municipal de Cartagena, se ha convertido en una pieza clave para sostener el regadío intensivo del Campo de Cartagena y otros usos en la cuenca del Segura. Sin embargo, su explotación ha estado marcada por controversias financieras y ambientales, incluida la relación entre los retornos agrícolas y el deterioro del Mar Menor.

La interrupción de los envíos en 2021 obedeció tanto a problemas económicos del esquema de gestión de la planta como a medidas para proteger la laguna, en un momento de máxima tensión social y política por los episodios de anoxia y mortandad de peces. Desde entonces, el recurso desalada se ha manejado con cautela, apoyándose en permisos provisionales mientras se definía un marco más estable.

El nuevo paso de la CHS se enmarca en la planificación hidrológica vigente, que apuesta por incrementar el peso de los recursos no convencionales para reducir la presión sobre ríos y trasvases. Al mismo tiempo, mantiene el debate abierto sobre cómo compatibilizar un regadío muy intensivo y tecnificado con la recuperación ambiental de una cuenca extremadamente tensionada.

Por qué importa a Murcia, al Levante y al resto de España

En la Región de Murcia, la concesión de Escombreras tiene un impacto directo sobre miles de agricultores y ganaderos que dependen de la seguridad del suministro para mantener explotaciones altamente productivas y orientadas a la exportación. Un marco estable reduce la percepción de incertidumbre que durante años ha afectado a un sector que vive pendiente de cada decisión sobre el trasvase Tajo–Segura, las lluvias y las restricciones ambientales.

Para el conjunto del Levante y, por extensión, para España, la operación es un caso de estudio sobre cómo se integran las desaladoras en la política del agua. La experiencia de Escombreras puede marcar el camino para otras cuencas mediterráneas donde se barajan soluciones similares para mitigar los efectos del cambio climático y la sobreexplotación de acuíferos.

Además, el coste del agua desalada influye en la competitividad de la producción agrícola española en los mercados europeos, al encarecer los costes de riego frente a zonas con recursos más baratos. La cuestión de quién paga la factura —Estado, comunidades autónomas o regantes— seguirá en el centro del debate político y sectorial.

Qué debe saber el lector en España: estabilidad, precio y próximos pasos

Si eres agricultor o ganadero en la cuenca del Segura, este movimiento de la CHS no significa automáticamente más agua, pero sí un marco más estable para la que ya venías recibiendo desde Escombreras. Lo que cambia es que pasas de permisos temporales, revisables cada pocos meses, a una concesión de largo plazo con caudal máximo definido y respaldada por el BOE.

Si eres ciudadano de otras zonas, la noticia ilustra el camino que está tomando la política del agua en España: más peso de la desalación y otros recursos “no convencionales”, pero con el reto de hacerlos asumibles en precio y compatibles con la protección ambiental. Lo que ocurra en la cuenca del Segura se observa de cerca en otras regiones secas del país, donde la combinación de sequías, conflictos por trasvases y presión agrícola obliga a buscar modelos alternativos.

En los próximos meses, el proceso de alegaciones y la resolución final de la concesión permitirán afinar volúmenes, condiciones y reparto definitivo. A medio plazo, la gran incógnita será si se logra abaratar el agua desalada mediante mejoras tecnológicas o ayudas públicas, y cómo se compatibiliza su uso con los objetivos de recuperación del Mar Menor y de sostenibilidad de la cuenca del Segura.

Fuente
www.laopiniondemurcia.es

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