Fin histórico de medio siglo de control armamentístico
El Tratado Nuevo START expiró oficialmente este jueves 5 de febrero de 2026, poniendo fin a más de cincuenta años de limitaciones legalmente vinculantes sobre los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia. Por primera vez desde la década de 1970, las dos mayores potencias nucleares del planeta quedan libres de restricciones sobre sus capacidades estratégicas ofensivas, generando inquietud internacional por el riesgo de una nueva carrera armamentística sin controles.
El presidente Donald Trump reaccionó a la expiración proponiendo trabajar en un tratado «nuevo, mejorado y modernizado que pueda perdurar en el futuro», en lugar de prorrogar un acuerdo que considera «mal negociado por Estados Unidos» y «gravemente violado». Trump argumentó que su país «es el más poderoso del mundo» y recordó haber reconstruido completamente las Fuerzas Armadas estadounidenses durante su primer mandato, incluyendo «armas nucleares nuevas y muchas reacondicionadas», además de haber creado la Fuerza Espacial como rama militar independiente.
Exigencia de incluir a China en futuras negociaciones
El Departamento de Estado confirmó que Trump ha manifestado en repetidas ocasiones su voluntad de abordar la amenaza que suponen las armas nucleares para el mundo y mantener límites sobre estos arsenales. Sin embargo, fuentes gubernamentales insisten en que la Administración busca que China se sume a unas «conversaciones de control de armas», condición que Washington considera indispensable para cualquier nuevo acuerdo.
El arsenal nuclear chino ha experimentado una expansión significativa en los últimos años. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) estima que China poseía 600 ojivas nucleares en enero de 2025, convirtiéndose en la tercera potencia con el arsenal más grande del mundo tras Estados Unidos y Rusia. Este crecimiento ha generado impaciencia en Washington, que considera imprescindible incorporar a Pekín en cualquier marco futuro de control armamentístico.
Historia y características del Nuevo START
El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas fue firmado en abril de 2010 en Praga por los entonces presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev, entrando en vigor en febrero de 2011 tras su ratificación por ambos países. El acuerdo limitaba a 1.550 las ojivas estratégicas desplegadas por cada nación e incluía un sistema de inspección y verificación de arsenales que permitía a ambas potencias supervisar el cumplimiento mutuo.
En febrero de 2021, Putin y el entonces presidente Joe Biden prorrogaron el tratado por cinco años adicionales, máximo período permitido por el texto original. Sin embargo, en febrero de 2023, en plena invasión de Ucrania, el mandatario ruso anunció la suspensión de la participación de Moscú en el acuerdo, alegando que Washington había interrumpido el diálogo sobre control de armas tras el inicio del conflicto bélico. Rusia prohibió además las inspecciones estadounidenses in situ de su arsenal, argumentando dificultades para realizar inspecciones recíprocas debido a las sanciones occidentales sobre permisos de sobrevuelo y concesión de visados.
Ofertas rechazadas y advertencias internacionales
En septiembre de 2025, Putin propuso prorrogar el Nuevo START por un año adicional, aunque enfatizando que la suspensión de participación rusa podría revertirse. La oferta no prosperó y ninguna de las partes ha acordado la renovación del tratado, que expiró sin que existan negociaciones a la vista.
El Secretario General de Naciones Unidas advirtió que la expiración del Nuevo START representa un «momento grave» para la paz y la seguridad mundial. Incluso el papa León XIV instó públicamente a ambas potencias a extender el acuerdo antes de su vencimiento. Expertos en seguridad internacional coinciden en que la ausencia de límites legales sobre las armas nucleares de Estados Unidos y Rusia eleva significativamente el riesgo de malentendidos y escaladas accidentales.
Contexto de rivalidad estratégica creciente
Trump ha cuestionado públicamente por qué Estados Unidos y Rusia deberían seguir construyendo nuevas armas nucleares, dado que ya poseen suficientes para destruir el mundo muchas veces. No obstante, analistas chinos anticipan una política estadounidense más confrontacional durante este segundo mandato de Trump, y Pekín se prepara para intensificar la competencia estratégica.
«En lugar de extender el Nuevo START, un acuerdo mal negociado por Estados Unidos que, además de todo lo demás, ha sido gravemente violado, deberíamos poner a nuestros expertos nucleares a trabajar en un tratado nuevo, mejorado y modernizado que pueda perdurar en el futuro».
La Casa Blanca indicó esta semana que Trump decidirá el camino a seguir en materia de control de armas nucleares «según su propio calendario», sin precisar plazos concretos. Expertos como Paul Dibb subrayan la importancia de que el presidente estadounidense «extienda el tratado u opte por un acuerdo renovado sobre armas nucleares estratégicas» que involucre también a China, dada la expansión de su arsenal.
China, por su parte, mantiene una profunda desconfianza hacia Washington. Pekín interpreta las declaraciones estadounidenses sobre reforzar capacidades nucleares como evidencia de «ambiciones hegemónicas» y se muestra reacia a reconocer su responsabilidad en el aumento de las tensiones. Esta dinámica de percepciones contrapuestas dificulta la apertura de negociaciones trilaterales que puedan establecer un nuevo marco de control armamentístico adaptado a la realidad geopolítica actual.









