Las naciones más pobres y los países en desarrollo están quedando considerablemente rezagados en la obtención de financiación para proyectos de infraestructura destinados a enfrentar inundaciones y olas de calor, según advierte la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este retraso amenaza la capacidad de estas regiones para adaptarse a los impactos del cambio climático, poniendo en peligro vidas, medios de subsistencia y economías enteras.
Déficit de financiación para la adaptación climática
De acuerdo con la ONU, los países en desarrollo reciben actualmente menos de una décima parte de la financiación que necesitarán para adaptarse al cambio climático. Esta insuficiencia financiera genera un “enorme vacío” en el gasto destinado a proyectos esenciales como la defensa contra inundaciones, el riego de cultivos y otras infraestructuras críticas.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima en su último informe anual sobre adaptación que los costes de adaptación en estos países oscilarán entre 310.000 y 365.000 millones de dólares estadounidenses anuales para mediados de la próxima década. Sin embargo, los flujos internacionales de financiación pública para la adaptación cayeron a 26.000 millones de dólares el año pasado, por debajo de los 28.000 millones del año anterior. Esta cifra está muy lejos del compromiso asumido en la cumbre climática de la ONU en Glasgow (2021), donde se pactó recaudar 40.000 millones de dólares anuales para 2025.
La ONU advierte que esta “enorme brecha” financiera está “poniendo en riesgo vidas, medios de subsistencia y economías enteras”. La adaptación climática suele recibir menos atención en materia de financiación, ya que implica gasto público y carece de la capacidad de generar rentabilidad para inversores o prestamistas tradicionales.
COP30 Brasil: nuevas iniciativas para vincular financiación y resiliencia
En la próxima cumbre climática COP30 de la ONU, que se celebrará en Brasil, un grupo de bancos de desarrollo está promoviendo una nueva iniciativa para vincular más estrechamente la financiación a su contribución en proyectos de adaptación. Esta propuesta incluye la oferta de préstamos en condiciones favorables e incentivos para fomentar la resiliencia de los países más vulnerables.
Modelos de proyección de temperatura y metas internacionales
Según Henry Neufeldt, uno de los autores principales del informe de adaptación, el último modelo utilizado se basó en un aumento de temperatura promedio a largo plazo de 2,3 °C por encima de los niveles preindustriales para el año 2100. Por su parte, la ONU proyecta un aumento de 2,6 °C si los países implementan sus políticas climáticas actuales.
En el marco del Acuerdo de París de 2015, los países se propusieron limitar el calentamiento global a un máximo de 1,5 °C. Sin embargo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima que el año pasado el aumento de la temperatura global a largo plazo ya era de aproximadamente 1,3 °C por encima del nivel de referencia de 1850-1900.
El secretario general de la ONU, António Guterres, declaró recientemente ante la OMM que superar el nivel de 1,5 °C a corto plazo es “ahora inevitable”.
Impactos acelerados y urgencia de la financiación
Guterres enfatizó que “los impactos del cambio climático se están acelerando. Sin embargo, la financiación para la adaptación no avanza al mismo ritmo, lo que deja a los más vulnerables del mundo expuestos al aumento del nivel del mar, a tormentas mortales y a un calor abrasador”.
El secretario general subrayó que el gasto en adaptación debe considerarse un “salvavidas” y no un “coste”. Las investigaciones demuestran que cada dólar invertido actualmente en la construcción de protecciones costeras, la reducción de temperaturas urbanas o la ampliación de la capacidad de los sistemas de salud puede ahorrar muchos más dólares en medidas correctivas futuras.
El informe destaca ejemplos como los proyectos en Fiji para plantar manglares, que actúan como barrera natural contra las olas, y los paneles solares flotantes en las cuencas del río Colorado, que generan energía limpia y ayudan a ralentizar la evaporación del agua.
Niveles récord de emisiones y debate en COP30
Gran parte del debate en la COP30 sobre cómo aumentar la financiación climática hasta la ambiciosa cifra de 1,3 billones de dólares anuales se centra en la reducción de los niveles récord de emisiones que provocan el calentamiento global, en lugar de enfocarse exclusivamente en la adaptación al cambio climático.
Perspectivas de reducción de emisiones y compromisos nacionales
Antes de la reunión en los límites del Amazonas, Simon Stiell, secretario ejecutivo del organismo climático de la ONU, expresó que esperaba una caída de aproximadamente el 10 por ciento en las emisiones entre 2019 y 2035. Sin embargo, para mantenerse dentro del objetivo de 1,5 °C, sería necesario reducirlas casi a la mitad para 2030.
Esta estimación se basa en los datos disponibles de los planes de 98 países, conocidos como “contribuciones determinadas a nivel nacional”, que cubren casi el 80 por ciento de las emisiones mundiales. El pronóstico carece de planes actualizados de grandes emisores como India y Corea del Sur, pero incluye el ambicioso plan estadounidense presentado antes de la retirada del acuerdo de París sobre el clima por el presidente Donald Trump este año, así como planes provisionales o declaraciones de intenciones de la Unión Europea y China.
Críticas de expertos y falta de progreso
Rachel Cleetus, directora sénior de políticas de la Unión de Científicos Preocupados, afirmó que “a pesar de los importantes avances en el impulso de las energías renovables, los compromisos actuales de reducción de emisiones de los países están, en conjunto, muy lejos de lo que la ciencia demuestra que se necesita”. La falta de progreso es “indignante, vergonzosa y desoladora”, añadió Cleetus.
Ejemplos de proyectos de adaptación y beneficios económicos
- Fiji: Plantación de manglares como barrera natural contra las olas.
- Río Colorado: Instalación de paneles solares flotantes para generar energía limpia y reducir la evaporación del agua.
Estos proyectos demuestran que la adaptación climática puede ofrecer beneficios económicos significativos, ya que cada dólar invertido en infraestructura resiliente puede ahorrar múltiples dólares en medidas correctivas y en la recuperación de desastres.
Conclusión: urgencia de cerrar la brecha financiera
La brecha financiera para la adaptación al cambio climático en los países en desarrollo sigue aumentando, mientras que los impactos climáticos se aceleran y los compromisos internacionales no se cumplen. La comunidad internacional debe redoblar esfuerzos en la COP30 Brasil para movilizar recursos suficientes, implementar mecanismos innovadores de financiación y priorizar la resiliencia de las poblaciones más vulnerables ante los fenómenos climáticos extremos.









