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La falta de obreros cualificados está frenando el arranque de nuevas promociones de vivienda en Valladolid, elevando sueldos en la construcción y trasladando ese aumento de costes al precio final para el comprador.

Menos mano de obra, más retrasos en las obras

El sector calcula que en la provincia de Valladolid faltan alrededor de 4.500 trabajadores de la construcción, lo que obliga a retrasar el inicio de muchos proyectos de vivienda “al menos ocho meses” hasta asegurarse equipos completos.

En comparación con 2008, cuando había más de 23.000 afiliados a la Seguridad Social en el ramo, hoy no llegan a 15.000, mientras que el paro en construcción ha caído a poco más de un millar de personas, pese a que el ritmo de visados de obra nueva vuelve a niveles de la burbuja.

Ofertas de empleo sin cubrir y oficios en riesgo

La Fundación Laboral de la Construcción de Castilla y León constata que en su portal hay “más del doble” de ofertas que demandantes, con especial necesidad de peones, albañiles, maquinistas, gruistas, jefes de obra, carpinteros, encofradores o instaladores.

Muchos profesionales se reciclaron a otros sectores tras la crisis de 2008 y no han regresado, y las nuevas generaciones no se sienten atraídas por el oficio, hasta el punto de que cuesta completar las plazas de los cursos de formación.

Subida de salarios y encarecimiento de la vivienda

La escasez de personal ha disparado los sueldos: un peón difícilmente baja de 1.200‑1.300 euros al mes al empezar y puede situarse en torno a 1.800 euros al año de experiencia, mientras que un trabajador con algo de formación arranca ya en 1.600‑1.800 euros mensuales.

Esta tensión se traslada al precio final de la vivienda por partida doble: se produce menos oferta de la que demanda el mercado y, además, los mayores costes salariales y de ejecución terminan repercutiéndose en los compradores.

Impacto en materiales, plazos y calidad

Promotores y constructores advierten de que incluso la elección de sistemas constructivos depende cada vez más de la disponibilidad de especialistas: faltan, por ejemplo, montadores de SATE, lo que obliga en ocasiones a recurrir a soluciones más tradicionales como el ladrillo caravista.

Para evitar sobrecostes en maquinaria parada y sanciones por incumplir plazos de entrega, muchas empresas prefieren no iniciar obras hasta tener cerradas las cuadrillas, lo que ralentiza el aumento del parque de viviendas en una ciudad donde la demanda vuelve a repuntar.

Un problema estructural sin relevo generacional

El sector alerta de que más del 20% de los obreros actuales se jubilarán en la próxima década y que “ni hay suficiente mano de obra ahora ni la va a haber en el corto plazo” si no se toman medidas de calado.

Los intentos de atraer reservistas de las Fuerzas Armadas o trabajadores de países latinoamericanos se han topado con trabas estatales, mientras la cadena tradicional de oficios que pasaban “de padres a hijos” sigue rota desde el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Fuente
www.eldiadevalladolid.com

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