La nueva norma de la DGT que cambia cómo podrán usar los ciclistas las carreteras secundarias (también en Asturias y el resto de España)
El BOE abre la puerta a suprimir arcenes para convertirlos en carriles bici en la red estatal
Una reciente disposición publicada en el BOE permite que en determinadas carreteras del Estado se reduzca o incluso se elimine el arcén para sustituirlo por carriles bici específicos. El cambio se enmarca en la estrategia del Gobierno para impulsar la movilidad ciclista y sostenible, y tendrá impacto directo en cómo los ciclistas usan muchas vías secundarias, especialmente en territorios como Asturias donde estas carreteras son el principal escenario para rutas deportivas.
Qué ha cambiado exactamente
Hasta ahora, la norma general obligaba a los ciclistas a circular por el arcén derecho siempre que existiera, salvo en descensos prolongados o cuando no resultara seguro, y permitía rodar en paralelo en filas de dos, orillándose lo máximo posible a la derecha. Esa configuración convertía el arcén en la zona “natural” para las grupetas ciclistas que cada fin de semana ocupan las carreteras secundarias asturianas y del resto de España.
La novedad es que el BOE autoriza al Estado a transformar esos arcenes en carriles bici adyacentes, lo que puede implicar reducirlos o suprimirlos en algunos tramos de la Red de Carreteras del Estado. La condición es que se justifique que estas actuaciones no comprometen la seguridad vial ni el funcionamiento de la vía, lo que deja margen a Fomento y a la DGT para decidir caso por caso en función del tráfico y la orografía.
En carreteras multicarril o en convencionales con baja intensidad de tráfico, se prevé precisamente esta sustitución del arcén por infraestructuras ciclistas segregadas, buscando que la bici deje de ir “pegada a la línea” para pasar a un espacio propio y continuo. En la práctica, esto puede cambiar por completo la manera de entrenar y hacer rutas: en los tramos donde se haga la adaptación, los ciclistas pasarán del arcén a un carril bici; en los que no, seguirán rigiéndose por la norma tradicional.
Claves jurídicas y de movilidad: qué persigue el BOE
La disposición no es una reforma aislada, sino una pieza más de una política estatal que incluye la futura Ley de Movilidad Sostenible, la Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible y Conectada 2030 y la Estrategia Estatal por la Bicicleta. Todas estas herramientas buscan que el uso de la bici deje de ser marginal y pase a formar parte del sistema de transporte, reduciendo emisiones y mejorando la salud pública.
La Dirección General de Carreteras asume ahora un papel central en este impulso: deberá diseñar, financiar y ejecutar la red de carriles bici en las vías del Estado, coordinándose con la DGT y con otras administraciones. El objetivo declarado es configurar una malla ciclista continua y segura que conecte zonas urbanas, periurbanas e interurbanas, y no solo tramos sueltos.
Desde el punto de vista jurídico, la norma deja claro que cualquier supresión de arcén deberá garantizar que no se deteriora la seguridad vial ni la capacidad de la carretera para soportar el tráfico motorizado. Eso implicará informes técnicos, estudios de intensidad de vehículos y, previsiblemente, procesos de coordinación con comunidades autónomas y ayuntamientos.
Contexto: cómo circulaban los ciclistas y qué supondrá en carretera
En la normativa vigente, los ciclistas deben circular por el margen derecho de la vía, utilizando el arcén cuando exista, y tienen permitido ir en columna de dos siempre que las condiciones lo permitan. En tramos sin visibilidad o con alta peligrosidad, la obligación es ponerse en fila india para minimizar riesgos.
La falta de carriles bici en muchas vías nacionales ha hecho que el arcén sea, de facto, la única zona disponible para pedalear con cierta seguridad, pese a que no siempre está en buen estado o suficientemente ancho. En regiones de orografía complicada como Asturias, las carreteras secundarias estrechas con arcén reducido son precisamente las más utilizadas para rutas de ocio y entrenamiento.
Con la nueva posibilidad de convertir arcenes en carriles bici segregados, la experiencia puede mejorar allí donde se materialicen las obras: más espacio exclusivo, menos conflictos con coches y camiones, y una sensación de seguridad superior. Sin embargo, también se abre un periodo de transición en el que convivirán tramos con nuevo diseño y otros que seguirán igual, lo que exigirá a los ciclistas adaptarse a señales y cambios de trazado.
Qué implica para Asturias y para el resto de España
Asturias aparece en el foco porque su red de carreteras secundarias es muy usada por ciclistas deportivos y cicloturistas, que se verán directamente afectados por cualquier supresión o transformación de arcenes en rutas habituales. Dependiendo de cómo se apliquen los proyectos, algunas carreteras podrían perder su atractivo para las grupetas si se restringe la circulación convencional en favor de carriles específicos, mientras que otras podrían convertirse en corredores ciclistas de referencia.
Para el resto de España, especialmente en zonas con gran afluencia de ciclistas (sierra de Madrid, litoral catalán o valenciano, Baleares, etc.), se abre un escenario similar: más infraestructuras dedicadas, pero también posibles cambios en las rutas de siempre. Clubes y federaciones tendrán que estar atentos a los proyectos de Fomento para adaptar marchas, entrenamientos y pruebas a la nueva red.
Desde la perspectiva del conductor, la desaparición de parte del arcén puede interpretarse como una pérdida de margen de seguridad, pero al mismo tiempo la existencia de un carril bici segregado puede reducir sustos y adelantamientos peligrosos. La clave será cómo se diseñen las intersecciones, incorporaciones y travesías, puntos donde suelen concentrarse los accidentes.
Qué debe saber el lector en España: seguridad, derechos y próximos pasos
Si eres ciclista, las normas básicas no cambian: seguirás obligado a respetar el Código de Circulación, usar el casco donde corresponde y mantener una conducción predecible; la diferencia es que, en los tramos donde se habiliten carriles bici, probablemente se te derive a esas infraestructuras específicas. Conviene estar atento a nuevas señales y a las posibles obras en carreteras habituales, porque el diseño de los arcenes puede modificarse progresivamente.
Si eres conductor, tendrás que reforzar la prudencia en los tramos en obra y en los nuevos corredores ciclistas, respetando siempre la distancia de seguridad al adelantar y las limitaciones de velocidad. La coexistencia entre coche y bici seguirá siendo uno de los grandes retos de la seguridad vial, y la presencia de carriles específicos no elimina la obligación de extremar la atención.
En términos de política pública, esta medida confirma que la movilidad ciclista se considera ya un elemento estructural de la planificación de carreteras, no un complemento decorativo. La discusión en España girará ahora en torno a qué carreteras se priorizan, cómo se financian las actuaciones y si los nuevos diseños responden tanto a la seguridad como a las necesidades reales de quienes pedalean a diario o cada fin de semana.









