A veces, la ofensa más hiriente no está en las palabras mismas, sino en el silencio y el vacío que las rodean. Esta amarga lección la ha compartido Leire Martínez, quien fue durante más de una década la voz principal de La Oreja de Van Gogh. La cantante ha desvelado que lo más doloroso de un episodio profundamente humillante no fue el comentario machista de un directivo, sino la complicidad silenciosa de quienes presenciaron el hecho, una inacción que convirtió una agresión verbal en una condena solitaria y que pone en evidencia una cultura de permisividad que aún persiste en la industria musical española.
Un episodio paradójico en medio de una celebración
La situación no pudo ser más paradójica. Ocurrió durante la celebración de un éxito, un momento que debería haber sido de pura satisfacción profesional. En medio del festejo, el presidente de su compañía discográfica se le acercó y, en lugar de ofrecerle una felicitación, le lanzó una frase que la reducía a un simple objeto: «Mmm, ¡qué tetas tienes!». Estas palabras transformaron un brindis por el triunfo en una manifestación de machismo grosero y fuera de lugar.
Sin embargo, la artista vasca no se dejó intimidar. Lejos de permanecer en silencio ante esta figura de poder, le respondió con una réplica llena de dignidad que desarmó por completo a su interlocutor. «Sí, tengo dos grandes tetas», afirmó con contundencia, para añadir acto seguido: «y tantas otras virtudes que jamás vas a ser capaz de apreciar». Tras su respuesta, ningún hombre presente salió en su defensa, un silencio que para ella fue tan hiriente como el ataque inicial.
Un problema estructural que trasciende un mal momento
Por desgracia, el testimonio de Leire Martínez no es un caso aislado, sino que refleja una realidad mucho más amplia. Su denuncia resuena con fuerza junto a la de otras artistas, como Vanesa Martín, quien en su momento relató un incidente con características similares. Este tipo de situaciones confirman que no se trata de anécdotas desafortunadas, sino de un patrón de comportamiento extendido en ciertos círculos del sector musical, un problema estructural que afecta a muchas mujeres independientemente de su nivel de éxito.
Una nueva etapa profesional con más poder de decisión
En este contexto, parece que estas experiencias han fortalecido la determinación de Leire Martínez en su nueva etapa profesional. Tras su salida de La Oreja de Van Gogh, Martínez asegura encontrarse en un momento vital en el que, por primera vez, tiene el control absoluto de su carrera y de sus propias decisiones. Este paso adelante no solo representa una evolución artística clara, sino también la conquista de un espacio seguro y libre de las dinámicas tóxicas que durante demasiado tiempo han intentado opacar el talento femenino en el panorama musical español.
La cantante ha expresado que, durante sus 17 años en La Oreja de Van Gogh, su criterio nunca fue escuchado realmente, ya que siempre fue vista como una «sustituta». En un foro celebrado en Bilbao, titulado «Más allá del empoderamiento: mujeres que transforman la industria», Martínez compartió que aceptó ese rol porque creía que lo importante era la marca del grupo y no los nombres propios, pero que ahora reconoce que ese silencio velado implicaba la invisibilización de muchas cosas, incluido su propio criterio.
Además, recordó la presión social que sintió al entrar en la banda para sustituir a Amaia Montero, un reto que asumió con miedo debido a las expectativas y al ruido mediático que recaía únicamente sobre ella. Este contexto hace aún más relevante su paso hacia una carrera en solitario, donde por fin puede decidir y elegir su camino, algo que ha celebrado con entusiasmo y que fue recibido con aplausos espontáneos en el foro.
Martínez también ha abogado por una perspectiva más feminista en la industria musical, señalando que no basta con crear comunidad entre mujeres y aumentar su presencia, sino que es fundamental que los hombres también adopten esta visión para transformar verdaderamente el sector.









