Microplásticos, bisfenol A y salud: qué ha descubierto la UIB y por qué debería importarte en España
Qué ha demostrado el nuevo estudio de la UIB
Un equipo de cinco grupos de investigación de la Universitat de les Illes Balears (UIB) ha demostrado en ratas que el bisfenol A (BPA) transportado por microplásticos puede liberarse en el tracto digestivo y pasar al torrente sanguíneo, es decir, hacerse disponible para el organismo. El trabajo, publicado en la revista Environmental Pollution, se centra en la ingestión accidental de microplásticos con aditivos químicos presentes en materiales de uso cotidiano, pese a que el BPA está prohibido en la Unión Europea desde enero de 2025.
Los experimentos muestran que, cuando el BPA va “pegado” a microplásticos, tiende a permanecer más tiempo en el intestino, lo que facilita su liberación y absorción. Los autores recuerdan además que microplásticos de ciertos tamaños pueden atravesar la barrera intestinal, lo que agrava su potencial como vía de entrada de contaminantes en el cuerpo.
Claves científicas: qué le pasa al cuerpo al combinar BPA y microplásticos
El equipo de la UIB ha medido diferentes señales biológicas en ratas expuestas para entender cómo responde el organismo a la combinación de microplásticos y BPA. Detectaron marcadores de estrés celular, inflamación y activación de rutas de eliminación de sustancias tóxicas, lo que indica que el cuerpo percibe la mezcla como una agresión química relevante.
Cuando actúan juntos, microplásticos y BPA desencadenan un aumento de enzimas antioxidantes y de proteínas relacionadas con la inflamación, como la mieloperoxidasa. En paralelo, se incrementa la expresión del gen UGT2b1 en intestino e hígado, una pieza clave en la metabolización y eliminación del BPA, lo que sugiere una respuesta coordinada de defensa frente a este compuesto transportado por los plásticos.
A corto plazo no se han observado daños estructurales en el intestino de las ratas, pero el patrón de inflamación y estrés oxidativo hace pensar, según los investigadores, en posibles consecuencias negativas para la salud si la exposición se mantiene en el tiempo. El mensaje central es que incluso sin lesiones visibles inmediatas, el organismo ya está “trabajando a destajo” para neutralizar el impacto de estos contaminantes.
Contexto: qué es el bisfenol A, qué son los microplásticos y por qué preocupan
El bisfenol A es un compuesto químico ampliamente usado durante décadas en la fabricación de plásticos y resinas, presente en envases alimentarios, recubrimientos interiores de latas o ciertos productos de uso doméstico, entre otros. Sus posibles efectos como disruptor endocrino —sustancia capaz de interferir en el sistema hormonal— llevaron a la UE a endurecer su regulación hasta prohibirlo en contacto con alimentos a partir de enero de 2025, aunque sigue circulando en productos antiguos o en materiales no alimentarios.
Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico, generalmente de menos de 5 milímetros, que se generan por la degradación de productos mayores o se diseñan así para usos industriales y cosméticos. Se han detectado en mares, suelos, aire e incluso en agua potable, lo que implica que la población puede ingerirlos o inhalarlos de forma inadvertida en su vida diaria.
El estudio de la UIB subraya que estos microplásticos no sólo son un residuo ambiental, sino un “vehículo” que puede transportar compuestos químicos como el BPA al interior del cuerpo humano. Esta idea refuerza una línea de investigación creciente: los plásticos actúan como esponjas o taxis de contaminantes, combinando el problema del residuo físico con el de la contaminación química.
Por qué este hallazgo importa en España
Para España, y en particular para territorios insulares como Baleares, el trabajo de la UIB es una pieza más en el puzle de los riesgos asociados al plástico en un entorno muy expuesto al turismo, al consumo de productos envasados y a la contaminación marina. Saber que microplásticos presentes en el ambiente o en ciertos productos pueden introducir en el organismo sustancias prohibidas como el BPA refuerza la necesidad de políticas más ambiciosas de reducción de plásticos de un solo uso y de control de aditivos químicos.
En clave sanitaria, estos hallazgos pueden influir en futuras recomendaciones de las autoridades sobre gestión del riesgo, vigilancia de contaminantes y educación alimentaria, por ejemplo en relación con el uso de determinados envases o materiales en contacto con comida y bebida. También apuntan a la conveniencia de impulsar más investigación en hospitales y centros españoles para medir exposición real de la población y posibles efectos a largo plazo en patologías intestinales, hepáticas o metabólicas.
Para el ciudadano, el mensaje no es entrar en pánico, sino entender que la lucha contra los plásticos va más allá del paisaje: tiene una dimensión directa de salud pública. Reducir el uso de plásticos, reciclar correctamente y apoyar regulaciones más estrictas no sólo protege el mar o la montaña, sino también el sistema digestivo y defensas del propio organismo.
Qué viene ahora: investigación y regulaciones futuras
El estudio ha sido desarrollado por varios grupos de I+D+i de la UIB especializados en análisis de trazas químicas, nutrición y estrés oxidativo, neurofisiología, litiasis renal y enfoque “Una sola salud”, lo que muestra la apuesta por un abordaje multidisciplinar. Esa visión integrada —que conecta medio ambiente, salud humana y salud animal— encaja con las líneas marcadas por organismos internacionales para afrontar contaminantes emergentes.
El propio equipo investigador advierte de que falta aún conocer el impacto de exposiciones crónicas en humanos, con dosis más bajas pero prolongadas en el tiempo. Los resultados en animales suelen ser el primer paso para que reguladores y agencias de seguridad alimentaria evalúen si hay que revisar límites, prohibiciones o recomendaciones de uso de ciertos materiales.
En paralelo, la UE sigue desplegando su estrategia sobre plásticos y sustancias químicas peligrosas, por lo que no es descartable que trabajos como el de la UIB alimenten futuras restricciones o exigencias de etiquetado. Para España, contar con investigación propia en este campo refuerza su capacidad de influir en esos debates y adaptar sus políticas ambientales y sanitarias a evidencias científicas cercanas.









