Un regadío más eficiente en Ontur para afrontar la falta de agua
Ontur (Albacete) ha completado la modernización de 2.781 hectáreas de regadío, con una inversión superior a 2,1 millones de euros y ayudas públicas de en torno a 1,25 millones, que garantizan un volumen de 3,4 hectómetros cúbicos de agua para los agricultores de la zona.
El Gobierno de Castilla-La Mancha presenta esta actuación como un ejemplo de uso eficiente del agua en una provincia especialmente afectada por la escasez hídrica, y la vincula a una estrategia regional más amplia de modernización de regadíos hasta 2030.
Qué ha pasado en Ontur
El consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Julián Martínez Lizán, ha inaugurado la modernización de los regadíos de Ontur, un proyecto ejecutado en dos fases ligadas a convocatorias de ayudas de 2019 y 2023.
La actuación asegura el riego de 2.781 hectáreas con un volumen reconocido de 3,4 hectómetros cúbicos, lo que da estabilidad al modelo agrícola del municipio al garantizar agua con criterios de eficiencia.
En el acto participaron el alcalde, Jesús López Higuera, el presidente de la Comunidad de Regantes Ontur-Albatana y de la SAT de Ontur, Benito del Ramo Marín, y el delegado provincial de Agricultura, subrayando el respaldo institucional a un proyecto impulsado también con la aportación económica directa de los regantes.
La primera fase, correspondiente a la convocatoria de 2019, ya fue inaugurada en 2024 por el presidente autonómico, y con la segunda fase se completa el mapa de regadíos modernizados en este término municipal de la provincia de Albacete.
Claves agrarias e hídricas de la modernización
La inversión total supera los 2,1 millones de euros, de los que aproximadamente 1,25 millones proceden de ayudas públicas, lo que supone un importante efecto multiplicador de fondos públicos sobre la inversión privada de la propia comunidad de regantes.
Según el consejero, Ontur se consolida como referencia regional en eficiencia hídrica, al incorporar sistemas modernos de riego y gestión del agua que permiten aprovechar mejor cada metro cúbico disponible en un entorno donde “falta agua y es más necesario que nunca optimizarla”.
La actuación se enmarca en una política regional que busca mantener la actividad agraria y el empleo rural apostando por tecnologías de ahorro de agua y por un consumo energético más contenido, de forma que el regadío sea compatible con los objetivos de adaptación al cambio climático.
Para los agricultores, la seguridad sobre el volumen de agua disponible y la modernización de las infraestructuras implica poder planificar cultivos con menos riesgo, mejorar rendimientos y contener costes asociados al bombeo y a la gestión del riego.
Contexto regional: más proyectos y Plan Director
La modernización de Ontur forma parte de un paquete más amplio de 68 proyectos impulsados en la convocatoria de 2023 en Castilla-La Mancha, de los cuales 55 se concentran en la provincia de Albacete, uno de los territorios más tensionados por la falta de recursos hídricos.
En conjunto, estos proyectos han movilizado 34,5 millones de euros, con ayudas que han llegado hasta el 90% en algunos casos, lo que da una idea del esfuerzo público por acelerar la transformación del regadío en la región.
El Ejecutivo autonómico prevé lanzar este mismo año una nueva convocatoria dotada con 18 millones de euros, orientada exclusivamente a mejoras, con dos ejes claros: sostener la actividad socioeconómica del campo y hacerlo con la máxima eficiencia hídrica y energética posible.
Además, todo este paquete de actuaciones se articula a través del Plan Director Regional de Nuevos Regadíos 2022-2030, que contempla 18 proyectos, cerca de 25.000 hectáreas adicionales y un horizonte de ejecución hasta final de década, con especial peso de la provincia de Albacete por sus cuencas y por la demanda de modernización de sus agricultores.
Qué se está intentando resolver
Según la propia Junta, Castilla-La Mancha tiene una proporción de superficie regada 5,5 puntos por debajo de la media nacional, pero se sitúa unos 10 puntos por encima en eficiencia, un indicador que el Gobierno regional exhibe como prueba de su apuesta por un regadío más tecnificado y menos derrochador.
La prioridad es adaptar los sistemas de riego a un escenario de menos agua disponible, conflictos crecientes entre territorios por los recursos hídricos y exigencias ambientales más estrictas, sin desmontar el tejido productivo agrario que sostiene buena parte del empleo rural.
Por qué importa en España
Lo que ocurre en Ontur no es un caso aislado, sino un ejemplo de cómo las comunidades autónomas de interior están intentando blindar su agricultura frente a la escasez de agua, un debate que afecta de lleno a la política hidráulica nacional y a la distribución de recursos entre cuencas.
Que Albacete concentre la mayoría de los proyectos de modernización de la última convocatoria evidencia la tensión entre el peso económico del regadío y las limitaciones físicas del recurso, un conflicto que también se reproduce en otras zonas de España con cultivos intensivos.
Para el lector español, el caso de Ontur ilustra el giro de las inversiones agrarias: cada vez se financian más modernizaciones y menos ampliaciones indiscriminadas de superficie de riego, en línea con las exigencias europeas sobre ahorro de agua y eficiencia energética.
Además, refuerza un mensaje político relevante: las administraciones autonómicas aspiran a ganar peso en la gestión práctica del agua de riego, mientras el Gobierno central mantiene competencias sobre planificación hidrológica y grandes infraestructuras, un equilibrio que genera debate territorial.
Implicaciones para el sector agrario y el medio rural
La consolidación de regadíos modernizados como el de Ontur puede marcar diferencias entre explotaciones que invierten en tecnología y aquellas que no pueden seguir el ritmo, lo que abre debates sobre brecha de competitividad dentro del propio campo.
En paralelo, este tipo de proyectos condicionan la planificación de cultivos en comarcas enteras: disponer de agua con mayor seguridad suele favorecer producciones de mayor valor añadido, pero también obligan a ajustar consumos y apostar por variedades más adaptadas a la falta de recursos.
Desde el punto de vista del mundo rural, inversiones de este calibre contribuyen a fijar población y empleo, pero solo si van acompañadas de precios razonables para los agricultores y de una política agraria que compense los costes de la transición hacia un modelo de regadío más exigente.
Qué debe saber el lector en España
Primero, que la modernización del regadío ya no es una opción marginal, sino una condición de supervivencia para buena parte de la agricultura española, y Ontur se suma a una lista creciente de zonas que reforman sus infraestructuras para no perder competitividad.
Segundo, que las ayudas públicas son clave para que estas inversiones salgan adelante: en Ontur han cubierto una parte sustancial del coste, pero el resto lo asumen directamente los regantes, lo que obliga a que los proyectos estén bien diseñados y aporten beneficios reales en el medio plazo.
Tercero, que este tipo de actuaciones se insertan en una partida mayor sobre la política del agua en España, donde se cruzan intereses agrarios, ambientales, urbanos y energéticos, y donde experiencias como la de Albacete se utilizarán como argumento tanto para reclamar más recursos como para defender modelos de ahorro.
Por último, el caso muestra que la transición hídrica no se juega solo en los grandes trasvases o en los embalses, sino también en decisiones muy concretas sobre cómo se riega cada hectárea, qué tecnología se instala y qué compromisos asumen agricultores y administraciones en un contexto de cambio climático.









