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Campamentos militares en España: auge, disciplina y alternativas a la mili tradicional

En el próximo mes de diciembre se cumplirán 24 años desde el último reemplazo de ciudadanos que realizaron el Servicio Militar Obligatorio (SMO), conocido popularmente como la mili. De este modo, se cerró un procedimiento instaurado en 1939 que obligó a más de nueve millones de españoles a recibir formación militar al alcanzar la mayoría de edad. Para muchos, esta experiencia fue considerada una pérdida de tiempo, aunque otros defienden que el servicio militar les proporcionó disciplina y los preparó para afrontar la vida adulta.

Aunque la mili fue abolida, su espíritu permanece presente en la sociedad española. Se estima que aproximadamente el 65% de los hombres mayores de 45 años, es decir, en torno a 6 millones de personas, han pasado por los cuarteles. Además, diversas encuestas recientes indican que cuatro de cada diez españoles apuestan por recuperar una formación militar básica para los jóvenes. En conclusión, no es necesario ser un experto en marketing para intuir que existe un importante grupo de padres que desearían enviar a sus hijos a la mili.

Campamento El Cid: una experiencia diferente

José Gómez, un exmilitar de 54 años, es un claro ejemplo de esta tendencia. “Mi hijo no sabía si quería hacer la carrera militar, así que, buscando por internet, encontré un campamento militar para jóvenes. Me pareció la opción más adecuada para que él decidiera si ese era el tipo de vida que quería”, explica Gómez. “Sin embargo, no terminaba de fiarme del todo. He sido Scout toda mi vida y militar durante once años, así que conozco bien este tipo de campamentos. Por eso, decidí acudir como monitor para comprobar de primera mano qué tipo de formación se impartía. Y lo que vi no me gustó”.

El auge de los campamentos militares para jóvenes en España

En España existen dos grandes campamentos militares para jóvenes que han experimentado un crecimiento exponencial desde su nacimiento en la última década. Los más destacados son El Gran Capitán, situado en la sierra de Madrid, y Tercios de Lezo, en Valencia. El funcionamiento es similar en todos ellos: ofrecen cursos de verano, normalmente de una o dos semanas, en los que los participantes viven una experiencia a medio camino entre la mili tradicional y la película El sargento de hierro de Clint Eastwood. Los jóvenes se visten de soldados, se levantan a las cinco de la mañana, izan la bandera, corren, bucean, hacen rappel, desfilan y aprenden a orientarse con herramientas tan tradicionales como un mapa y una brújula.

Además, en estos campamentos se utilizan armas de airsoft —que disparan bolitas de plástico— para completar la ambientación militar. Este aspecto fue precisamente el que menos convenció a José Gómez durante su experiencia como monitor: “No entiendo que se enseñe a disparar a un joven que está en un campamento de verano. Tampoco que se le explique cómo cavar una trinchera. La instrucción en armas para civiles no tiene sentido: eso es jugar a ser militar y, para eso, lo lógico es alistarse en el Ejército”, afirma.

Formación sin armas: el modelo de El Cid

Con el objetivo de separar la disciplina de la instrucción militar, Gómez decidió en 2021 crear su propio campamento, El Cid, en la localidad de Sigüenza. Comenzó con 14 niños en el primer verano y en la última edición, celebrada este año, alcanzó los 210 participantes. “Nuestro campamento es castrense, no militar. No somos la antesala de ingreso al Ejército ni preparamos a los jóvenes para entrar en cuerpos como la Policía Nacional o la Guardia Civil”, subraya el exmilitar. “El campamento, que dura 13 días, tiene como objetivo detectar los puntos débiles de cada uno y ayudarle a mejorar”.

Al tratarse de una versión light de los campamentos militares, hace dos años se abrieron las inscripciones a mayores de 19 años. Esta modalidad es menos exigente físicamente, pero incluye más contenido técnico: “Aprenden a sobrevivir en la intemperie, a bucear, a detener hemorragias, primeros auxilios… Aquí viene gente de hasta 60 años que se adapta perfectamente, pero no puedes tratarles a gritos como en las películas. Si en un ejercicio no pueden más, o no quieren hacerlo, no lo hacen. Aquí nadie está obligado ni buscamos traumatizar a la gente”.

Selección de participantes y filosofía del campamento

El Cid también se diferencia en la selección de los participantes. “Hablamos con los padres y nos aseguramos de que lo que desean es disciplinar a su hijo, endurecerlo. Siempre dejamos claro que no preparamos para ser policía ni rehabilitamos delincuentes o jóvenes con graves problemas de conducta. Esto no es Hermano Mayor”, añade Gómez.

El campamento también destaca por su estructura organizativa atípica. A diferencia de otros, que son empresas con ánimo de lucro, El Cid es una asociación sin ánimo de lucro que reinvierte todos los ingresos en el propio campamento, celebrado en las instalaciones de un colegio religioso en el centro de Sigüenza. “Tampoco tenemos a nadie en nómina; todos los que trabajamos aquí en verano somos voluntarios, la mayoría procedentes del Ejército y la Policía Nacional, y lo hacemos porque nos apasiona formar en valores”, explica Gómez. “Y todo lo hacemos sin armas, porque no tienen nada que ver con la disciplina. Duermo tranquilo sabiendo que ninguno de los jóvenes que pasa por aquí va a coger una escopeta de caza la próxima vez que tenga un problema en el instituto”, concluye Gómez.

El auge de la demanda: cifras y tendencias de los campamentos militares en España

Con o sin armas, es evidente que los campamentos militares están en pleno auge en España. Este sector, que hace una década prácticamente no existía, hoy supera los 2.000 jóvenes participantes por verano. Esto representa aproximadamente el 5% de la facturación de los campamentos de verano en España, donde siguen predominando los campamentos de aventura e idiomas. Sin embargo, la modalidad militar es la que más rápido crece y amenaza con superar a los campamentos urbanos y de ciencia, que se estiman en torno al 8% y 10% respectivamente.

La tendencia de crecimiento de los campamentos militares evidencia el interés social por la disciplina y la formación en valores, aunque adaptada a los nuevos tiempos y alejada de la instrucción armada tradicional. El debate sobre la recuperación de la mili sigue vivo en la sociedad española, y la proliferación de estos campamentos es una muestra de la demanda de experiencias formativas que aporten disciplina, resiliencia y habilidades prácticas a las nuevas generaciones.

Fuente
elconfidencial

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